miércoles, abril 30, 2008

Hasta dentro de doce meses

Este año no hay Feria de Jerez. No para mí, claro, que Jerez no se va de su sitio y la feria sigue luciendo, esplendorosa, cada año.

Este año me quedo en los Madriles.

Habrá que esperar doce meses más para volver a vivir un ambiente como este.

Quién sabe... dentro de doce meses, quizá me vuelva a valer ese traje...

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domingo, abril 27, 2008

Talavante se come al Loco

El Loco quiso hacerse el listo con Talavante, pero Alejandro es mucho Alejandro, y se quedó con Quintero y le dio quinientas vueltas.

Dejo los vídeos aquí para que cada uno saque sus propias conclusiones, pero me quedo con algunas frases como:

Busco la perfección a cada instante, en todo lo que veo, y llega a ser una obsesión que puede destruirte en algunos momentos: te hace pasar de la euforia absoluta a la tristeza infinita y hay veces que es un problema, pero es lo que te hace ser grande.

También merece la pena jugársela por ser feliz.

Lo que te da libertad es vivir para ti: ser egoísta y disfrutarte tú.

Yo de mayor quiero ser como cualquiera de los que he matado.








viernes, abril 25, 2008

Hormonas andantes

Me han llamado muchas cosas en la vida. Algunas, bonitas. Otras, curiosas. Las más, insustanciales y tópicas.

Pero lo de "hormona andante" no lo había oído nunca. Y eso que muchas veces he llegado a pensar que me pueden las susodichas. Que estoy sometida, sin remedio, a la dictadura de los estrógenos (en la imagen) y que jamás podré asimilar las dosis de testosterona que fluyen de cuando en cuando en torno a servidora.

Y sí. Ayer me lo dijeron. Bueno, no solo a mí. Me dijeron que las mujeres de entre veinte y cuarenta años estamos en muy mala edad, porque somos una hormona andante.

Al gracioso que soltó semejante sentencia no le quito su parte de razón. Pero, digo yo, que más vale ser hormona andante que neurona colgante...

jueves, abril 24, 2008

Los hombres de mi almohada. El cazador cazado

Va de machito, aunque ni él mismo sabe por qué. Porque guapo, lo que se dice guapo, no es. Ingenioso, tampoco. Gracioso, pues... pues no. A veces payasete, pero no suele pasar de eso. No tiene un puesto de trabajo de esos con relumbrón, ni le sacan la alfombra roja en los restaurantes de moda cuando pasa por la puerta -porque claro, entrar, no entra nunca, que, pese a aparentarlo, no le llega la cartera para semejante dispendio-, ni tiene gusto a la hora de vestir y mucho menos encanto cuando llega el momento de desnudarse.

Entonces, ¿qué es lo que tiene el hombre cazador? Misterio. Misterio misterioso. Y no me refiero a la personalidad del susodicho, sino más bien a la respuesta para la pregunta que acabo de formular.

El hombre cazador es algo así como un macho ibérico venido a menos, que va por ahí comiéndose algún que otro rosco y, cuando ve que hay algo más allá del agujero, tira de la sarta de estupideces que aprendió en el criadero de seres-no-pensantes-de-género-masculino y empieza a soltar el rollo de "es que yo no tengo edad para comprometerme... es que somos muy jóvenes... es que hay que vivir la vida... es que ahora no nos podemos casar... es que debemos triunfar en nuestras carreras...", a lo que una está tentada de contestarle que sí, que efectivamente la que no tiene edad de comprometerse es servidora, pues aún sopla bastantes menos velas que él; que para joven, la moi, que él ya se acerca a décadas nada prodigiosas; que se vive mucho mejor la vida si no es al lado de un cenutrio de su estampa; que la primera que no quiere anillos en los dedos es la que suscribe, que no está por la labor de empezar a lavar calzoncillos tan pronto; y que la única que tiene carrera es la menda lerenda, que él aún sigue viviendo de la paga semanal que le dan papaíto y mamaíta, con la esperanza de que juegue a la lotería, se cumpla eso de que "todos los tontos tienen suerte", le toque el gordo y pueda por fin hacer las maletas y dejarles respirar. Ea.

Pero una se calla, mete primera y saca el pañuelo por la ventana, sin mocos ni lágrimas, en una despedida descafeinada, pues no merece otro final semejante vodevil.

Y de pronto, a los pocos meses la supuestamente agraviada, con peinado nuevo, nuevo tacón y quizá nuevo ligue colgado del brazo, se entera de que el hombre cazador ha caído en su propia trampa: se ha liado con una tetona de faldita mínima y muslamen apretao, la ha paseado en actitud irreverente, han retozado más de la cuenta y ahora la paga de papaíto y mamaíta -que dentro de poco serán los chaches- hay que repartirla entre tres.

Eso sí. De casarse nada. Que mamá dice que bautizos paga, pero bodas no. Y menos de penalty.

Bien mirado, en algo se sale con la suya el cazador cazado. Seguirá con el anular intacto. Del resto de los pilares que sustentaban su buena vida ya se despidió el día que se quedó sin condón y se fió de la mala pécora que ahora oye chillar en el paritorio.

Por la luz de sus labios



Hacía siglos que no escuchaba esta canción. Había olvidado que existía. Estaba ahí, en una cinta de cassette que ahora no encuentro -cuatro mudanzas en dos años son demasiadas, creo- y hoy, de pronto, mientras me agarraba a la boca del estómago en la cama, enroscada alrededor de un dolor intenso, agudo y persistente, me ha venido a la cabeza.

... desde que te conozco no he cambiado de dueño... soy un árbol desnudo, en tu sol me caliento... no pidas que te baje una estrella del cielo... yo nunca voy de nada, pero sabes que puedo... Siempre tengo a tu lado sensación de que el tiempo, aunque apriete los puños, se me irá entre los dedos...

En fin... hay que hacerse a la idea: ni mástil, ni vela, ni proa, ni olas... solo sal, pero una sal que no cura nunca. Solo retiene líquidos, la muy perra.

"Por la luz de tus labios", Víctor Manuel.

miércoles, abril 23, 2008

Un dardo en mi palabra

De unos días a esta parte, me cuesta más trabajo que nunca escribir. Bloggear, se entiende, porque darle a la tecla, le doy. Y bastante. Que de eso como. O come el banco, pues para el caso es lo mismo.

Un virus ronda por mis tripas y no me deja ni comer -qué bien, al menos me facilita la operación bikini-, ni dormir, ni beber otra cosa distinta de zumos o infusiones, ni concentrarme en lo que hago ni organizar las cosas que me dejo por hacer. Nada. El médico, que casi me echa de la consulta porque llevaba sin aparecer por allí tres años -¡¡yo que lo hago por ahorrar recursos de la sanidad pública!!-, se ha curado en salud y, ni corto ni perezoso, me ha dado la baja. Sine die. Y claro, yo, que es verdad que necesito reposo pero que no soy capaz de estarme quieta, he decidido darle a la tecla.

No sabía por dónde empezar, así que he decidido hacer los deberes -al menos alguno- y sacar atrasos. Saldar deudas, vaya. La primera, con Mara.

Mi querida hada me obsequió el pasado jueves con uno de los Premios Dardo 2008, que se otorgan a quienes "cada día tratan de transmitir valores culturales éticos literarios, personales, etc..., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece innato entre sus letras, entre sus palabras rotas".

Yo, como siempre, lo agradezco. Bueno, como siempre no. Un poco más. Porque hoy es el Día del Libro y hoy, gracias a este empujoncito, sigo creyendo, aunque solo sea por un minuto, que ese "pensamiento vivo" y esas mis "palabras rotas" pueden hacer que mi alma renazca de entre las cenizas requemadas de una ilusión que pereció abrasada tras excederse con la pasión que iba derramando allá donde lo mejor hubiera sido quedarse con el corazón helado.

Los premios han de extenderse a otros quince bloggers con dardos en las teclas y, aunque puede que el virus me juegue malas pasadas -pues creo que no solo se ha instalado en mi aparato digestivo, sino que ha terminado de bambolear mis ya mareadas neuronas-, allá van mis premiados, que con solo una visita les demostrarán el porqué de mi elección: Lunaro, Mara -y no es ningún rebote efectista, sino convicción de tu talento-, la condesa de Estraza, María y Almudena, Petrarca, Covi, Robin, David, Rosa J.C., Ladysteffi, A Cara Descubierta, Astrolabio, Cuchillo -aunque ya no escriba, pero escribió-, Nada importa y A pesar de mí. Se me olvida alguien, seguro, pero... creo que sabréis perdonarme.

lunes, abril 21, 2008

El hombre de mi vida

Por mi vida han pasado algunos hombres. Unos llegaron impuestos. Estaban ahí antes de mí y no pude elegirlos. O quizá los pusieron después de que yo apareciese, pero tampoco estaba en mi mano borrarlos de un plumazo. Ni cambiarlos por otros. Ni moldearlos en sí mismos. A otros los elegí yo, con mayor o menor -casi siempre menor- acierto.

Sin embargo, de todos ellos -y no voy a ir de Mata-Hari, pero han sido unos cuantos-, solo uno merece el calificativo de "hombre de mi vida". Casualmente -o no- el único que no ha pasado, sino que siempre se queda.

Debí haber escrito esto hace dos días, para conmemorar su llegada. Pero yo soy inconstante, perezosa, ciclotímica, voluble y vaga, la astenia primaveral me puede y los dedos se me han amorcillado este fin de semana entre bolas de granizo y pastas de té. En cualquier caso, creo que el hombre de mi vida me lo va a perdonar.

O puede que no. Puede que lo que no me perdone sea que le escriba todo esto en público, que le diga en esta palestra lo que no se deja decir cara a cara -y lo que yo tampoco me atrevo a contarle-, porque, aunque el hombre de mi vida se ha criado entre mujeres, recela de los mimos excesivos y de los halagos constantes y, por ponerle un pero, diría que es pelín despegao.

Pero, qué quieres que te diga, H. Muchas veces creo que sigo sola porque quiero alguien como tú. Quiero un tío inteligente, divertido, irónico, trabajador, solícito, amable, cariñoso pero sin empalagar... y encima guapo... y eso, H., eso no lo he encontrado en nadie que no seas tú.

Te voy a echar mucho de menos. Que lo sepas.

Feliz cumpleaños. Aunque sea con retraso.

jueves, abril 17, 2008

Lo bueno y lo malo


Me paso la vida pensando en lo bueno y lo malo,
mi mente está triste, me siento algo extraña,
mi cuerpo se agota, mi alma lo nota,
de ver en el mundo mentiras de otras bocas,
la loca envidia que trae la mentira,
palabras tan falsas que por mi mente pasan, hoy pasan.

El tiempo se pasa, y los años me cansan,
me enervan mentiras que trae gente vana;
el tiempo está en vilo, yo sé que me pasa,
mentiras, palabras y todo es una farsa;
tengo un momento de ansias mundanas,
quisiera decir lo que siento en mi alma:
que la vida pasa, hoy pasa.

Y en mí, y en mí, y en mí,
y en mi mundo nuevo te voy a olvidar,
las aventuras que he podido vivir...
y en mí, y en mí no aguanto más historias así...
...y en mí.





"Lo bueno y lo malo", Chambao y Estrella Morente.

Menos mal que, a fin de cuentas, siempre queda la luz... una vela, una llama que no alumbra como las demás, que parece que se apaga pero que sigue iluminando el camino y, aunque el sueño pugna por vencer, termina por hacerse dueña de la oscuridad espesa y convierte la noche en un amanecer dorado y deja destellos de esperanza en el alma.

Citas ajenas

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.

Víctor Hugo




"A tu vera", Malú.

miércoles, abril 16, 2008

Que no me roben abril

No, no. No lo voy a consentir. Me gusta Sabina y, aunque me siento identificada con muchas de sus letras, me niego a verme reflejada en esta.

Decididamente, no voy a permitir que me roben el mes de abril.

O, mejor dicho, no me lo voy a robar yo sola. Que es de tontos, joder.



"¿Quién me ha robado el mes de abril?", Joaquín Sabina.

martes, abril 15, 2008

Una semana "out"

Voy tan deprisa que me mareo. Gasto más combustible de la cuenta y eso no es bueno, entre otras cosas porque el crudo está por las nubes y mi cuenta corriente, por los suelos.

Pero, a ver, no confundamos la velocidad con el tocino. Decía que voy deprisa. Y no porque corra, que el ejercicio no se hizo para mí. Voy deprisa porque me obligan. Y así sucede, que ni escribo, ni leo, ni me río, ni me pinto las uñas, ni me doy las mechas, ni me pongo potingues, ni ná de ná. Ni limoná.

Y las prisas no son buenas. Salvo para los ladrones y los malos toreros, y no encajo en ninguno de los dos grupos.

Y con la perversión del acelerador, en esta semana fuera de la blogosfera me he mordido la lengua -y casi me enveneno, que conste- por privarme de hablar, por ejemplo, del gesto compungido de Carme Chacón mientras pasaba revista a las tropas; o del aire de suficiencia de la Salgado mientras prometía su cargo -por cierto, que ella sí que pone firme a cualquiera, tenga o no cartera de Defensa-; o del blog colapsado de la JASP -sí, sí, ¿se acuerdan? "Joven Aunque Sobradamente Preparado"- Bibiana Aído; o de la vocación celestinesca de Berlusconi -empeñado en "colocar" a su hijo como única solución posible para que las italianas lleguen a fin de mes-; o del escote de Angela Merkel -qué mal repartido está el mundo: ella, tan poderosa; yo, en busca del Aumentax como alma que lleva el diablo-.

Puf... demasiados temas en la carpeta de "asuntos pendientes". Creo que me voy a dormir. Y para otra vez me pondré las pilas.

O me daré cuerda. Como a los caballos. Para no salirme del redil.

Así se siente abril

Aunque no haya feria.

Aunque el albero sea barro y los farolillos, trozos de papel deshilachados.

Aunque el sol se empeñe en no salir y la lluvia cale tanto que encharque la voluntad sin terminar de alegrar el campo.

Aunque no huela a azahar, sino a tormenta.

Aunque sólo sea primavera en el calendario y los volantes pesen más que nunca, abril se siente.

Y se siente así.



"Abril", Antonio Flores.

miércoles, abril 09, 2008

Y todo para esto

Deprisa y corriendo, sin pizca de elegancia, así, de cualquier manera, tira del albornoz que cuelga tras la puerta del baño, se lo pone por encima y se lo anuda a lo bestia, dejando colgar mucho más el cinturón por uno de los dos extremos.

Acaban de llamar a la puerta de la habitación. Tres golpecitos rápidos, firmes, seguiditos. Tiqui-tiqui-ti.

No ha preguntado quién es, pero desde el pasillo oye un "servicio de habitaciones" que traspasa el aglomerado y le deja en el tímpano el timbre de una voz joven, poco masculina porque parece a medio formar, un punto cantarina, como si para el camarero de turno no hubiera otra cosa mejor que hacer que llevarle a ella toda esa bandeja que ahora se le aparecía ante los ojos repleta de grasas saturadas, con calorías por doquier.

"¿Se la dejo sobre la mesa?". Qué preguntas, coño. Pues no la va a dejar encima de la tele, vamos. "Sí, gracias". Se le queda mirando y se siente culpable. Se le ha desatado la lengua a la hora de pedir, la gula ha decidido por ella y ahora se pregunta si será capaz de engullir tal cantidad de comida sin necesitar después una grúa que la lleve de la silla a la cama, sin hacer parada y fonda en el Almax de rigor.

Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué puede hacer una en Sevilla, un miércoles de feria, cuando lleva lloviendo desde el domingo, el Real no tiene farolillos, las calles están llenas de barro, los coches de caballos han quedado resguardados, los toros se han suspendido y E. se ha marchado con la imbécil de su ex novia porque le abruma el pasado, le agobia el presente y le tiene miedo al futuro?

¿Qué iba a hacer?

El camarero se le queda mirando. Ah, sí, la propina. Avanza hacia el bolso y su vista se detiene en el traje nuevo de flamenca. Manda cojones. Seiscientos euros de traje para nada. Seiscientos euros y diez días casi en ayunas, que el vestido marca mucho, la silueta dura poco y el espejo es un chivato. Y todo para esto.

"Ten". El camarero sonríe más que antes, y canta también más que al principio cuando le dice "¡Gracias!". Claro. No siempre le dan a uno veinte euros de propina por subir la cena a una flamenca arrepentida.

Lo que el camarero no sabe es que el billetito azul es una suerte de penitencia. Con eso comprará ella la tranquilidad de su espíritu y el reposo de su estómago. Engullirá todas las calorías de las que se ha privado los diez días anteriores, se irá a la cama sin darse cremas y sin besar su medalla de la Esperanza trianera y, sin embargo, se dormirá sin cargo de conciencia porque ha sido generosa.

Con el camarero y con E. Con todos menos con ella.

Vuelve la vista hacia el traje. "No os preocupéis, volantes míos. En Jerez os llega el turno. Y mañana me pongo a dieta".

Fotos: Inma Prieto.

lunes, abril 07, 2008

Un ordenador con pluma

Empiezo la semana con el moquero en una mano y la novena de san Judas Tadeo en la otra. No es que me haya dejado el novio que no tengo y quiera pedir el imposible de que llegue hasta mi casa, sin caerse del caballo, el príncipe azul que sólo existe en los cuentos. Qué va. Ni siquiera me aflige la hipoteca. Ni el martirio de los vaqueros recién lavados, que no suben ni a la de tres, los muy perros.

Lloro porque leo una noticia que puede dejar a los escritores -al menos a los aspirantes- en el tiempo de descuento: hasta los ordenadores escriben. Sin manos encima, quiero decir. Y no, las teclas no están poseídas por el espíritu de Cervantes. Ni siquiera por el del duque de Rivas, más misterioso, el hombre. Ni por el fantasma de Larra. Ni por el de Bécquer. Si acaso, por el de Tolstoi.

Resulta que los cerebros de la editorial rusa Astrel-SPb han encontrado la fórmula para cuadrar el círculo y ahorrarse derechos de autor y peleas con los escritores por las comas mal puestas: han cogido un ordenador por banda, le han insertado un programita llamado "PC Writer 2008", han introducido un batiburrillo de personajes y unas cuantas ideas sobre la trama, han dado al "enter" y... voilá, al cabo de tres días el monstruo ha parido Amor verdadero, la primera novela escrita por una computadora sin intervención humana. O con la mínima. Pero sin que nadie se devane los sesos por el devenir de los capítulos.

La historia, basada en la mítica Ana Karenina de Tolstoi, pero con un estilo similar al del japonés Haruki Murakami e influencias de otras diecisiete obras de autores de los siglos XIX y XX, tiene 320 páginas y saldrá al mercado con una tirada inicial de 10.000 ejemplares para nutrir librerías rusas, ucranianas e israelíes.

¿Que qué tiene que ver san Judas en todo esto? Pues que, si cada vez tengo más difícil publicar, quizá se apiade de mis dedos amorcillados y le regale una pluma a mi ordenador. Con PC Writer incluido. Y con la combinación ganadora del próximo Premio Planeta. Ya que nos ponemos...

Por cierto: ¿qué coño sabrá un ordenador de lo que es el amor verdadero? Como a fin de cuentas resulte saberlo, me doy al Nasdaq. Definitivamente.

Talento para la moda

Advertencia: no tengo pasión de hija. No la he tenido nunca y no pienso empezar a cultivarla ahora. Con esto quiero decir que todo lo que pueda escribir sobre mi madre no se basa en un exceso de cariño, ni en un complejo de Edipo al revés. Qué va. Reconozco que la ceguera para con Madre es mi gran asignatura pendiente y, aunque eso me convierta en una "hija a medias", coloca mi objetividad en un lugar privilegiado para emprender la escritura de entradas como esta.

Mi madre tiene talento. Mucho. Para muchas cosas. Pero sobre todo para la moda.

No sé a qué viene contarlo ahora -¿será porque tengo una boda en septiembre y quiero que me haga un vestido nuevo?... No, no, mamá... es broma... de veras... broma, no saques la cinta para tomar medidas, que estoy más gorda-, pero lo cuento y se acabó.

La recuerdo enfrascada en sus telas, con la aguja en la mano, volcada sobre mis vestidos, desde que tengo uso de razón -bueno, desde que tengo uso de memoria, que la razón no sé si la he gastado en algún momento... puede que la tenga nuevecita, sin estrenar-. Siempre meticulosa, perfeccionista en extremo, de sus manos han salido las mejores prendas que jamás he podido lucir (como algunas de las que ahora enseño).

Me gustaría que mi madre tuviera una oportunidad. Que pudiera cumplir su sueño -porque creo que lo soñó- de ejercer como modista.

Pero claro, para eso hay un problema. Y no es pequeño: las obras de arte, a menudo, no tienen precio. Y cuando se lo pones, no hay mucha gente que esté dispuesta a pagarlo. La mayoría prefiere la producción en serie. Es mucho más barata.

viernes, abril 04, 2008

A besarse tocan


Siete mil labios repartiendo saliva por las comisuras de otros labios, o por una mejilla, o por el cuello... o yo qué sé... por la oreja, mismamente. Siete mil boquitas de piñón, todas a una, así como con los morritos para fuera, para fuera y hacia delante, al estilo de los peces, con toda la carne concentrada en diez o quince centímetros cuadrados de pielecilla rosada, presta al quite del beso de rigor.

Siete mil, ni más ni menos, dándole al kissing en la madrileña plaza de la Luna. Y yo, mientras, viendo las estrellas por culpa de mis tacones asesinos mientras pienso en la penitencia que he de autoimponerme por haber comido más canapés de la cuenta en uno de los cócteles más entretenidos -y más chics, por cierto- a los que he asistido en mi vida paletil, ya cercana a la treintena.

Mi sino es llegar tarde. Ayer se repartieron besos gratis -con camiseta de marca incluida, además- y yo voy y me entero con doce horas de retraso.

De haberlo sabido antes, habría cogido por banda el Licor del Polo y me habría plantado, con o sin acompañante, en el maratón del besuqueo. Que un osculito de vez en cuando no le viene mal a nadie, ¿no? Y si viene vestido con camiseta de buen algodón, mejor que mejor, que se acerca el buen tiempo, el cambio de armario acecha y nunca está de más contar con novedades en la percha para hacer más llevadero el descubrimiento ritual del michelín, todo el invierno escondido, el muy ruin, por la anchura mentirosa del jersey de cuello vuelto.

Pero, ahora que lo pienso, hice bien en quedarme con mi dolor de pies y mi autoflagelación post-atracón a cuestas. Con la suerte que me gasto, fijo que me encasquetan de pareja un espécimen aquejado de halitosis y con todas las papeletas para dejarme la lengua hecha polvo por obra y gracia de un piercing puesto de cualquier manera.

Quita, quita..., que me voy ahora mismo a que me dé un besito mi madre. No estimula mis hormonas, pero al menos deja olor a cremita.

Foto: Jorge Paris en 20 Minutos.

La nueva del cole

Llevo una semana con el reloj del revés. Y no es que el 12 esté en la parte inferior de la esfera y el 3 ocupe el lugar del 9 y el segundero enfile la marcha atrás. Qué va. Es que mi ritmo se ha visto alterado por una agradable noticia: tengo cole nuevo.

Se llama Diariocrítico y, aunque los primeros días no resultan fáciles, sea cual sea la clase en la que te toque, el balance de mi primera semana con mis nuevos compañeros es muy, pero que muy positivo.


El profe quiere que me ponga las pilas en mates -o sea, que le dé duro a la economía- y yo, que siempre fui chica aplicada, he vuelto a navegar por Invertia, Cinco Días y Expansión sin temor al naufragio y de vez en cuando me pego un chapuzón en The Economist, Wall Street Journal o Financial Times. Sin flotador ni nada -bueno, sin más flotadores que los que se me acumulan en la cintura, que no desaparecen ni a base de los sustos que pega el euribor, oyes-.

Rosa J.C. y Emilio Martínez son los principales "culpables" de esta mi nueva etapa. Y les estoy muy agradecida. A ellos y a todos los compañeros de la redacción, que están logrando que mi vuelta al cole sea un auténtico paseo. Madrugador, pero paseo, al fin y al cabo.

Como dijo aquel, "Que Dios reparta suerte".

Hasta que la cama nos separe

"¿A que hacemos buena pareja?".

Se sonríe con la copa de tinto en la mano y yo le digo que sí con una inclinación condescendiente de cabeza. Sin comentarios. De sobra sabe que eso, lo de que hacemos buena pareja, es opinión general. Y, a estas alturas, le trae al pairo si mi opinión coincide con la de los demás. De hecho, creo que le pone que no opine como el resto.

La rubia cardada, regordeta y botijil, que corre la banda con el bolso a cuestas a la caza del canapé, nos mira entre bocado y bocado con un aire de aprobación.

Sí, va a ser que hacemos buena pareja.

Somos monos -sobre todo él, porque yo voy camino de convertirme en gorila, que no paro de engullir y he tenido que ponerme medias tupidas para ocultar que me hace falta una cita con la cera-, inteligentes y un puntito interesantes. Resultones. Vamos bien vestidos, podemos hablar de casi cualquier cosa y no desentonamos en ningún ambiente. Nos reímos de nuestros dramas y, si queremos y la pluma tiene el día, hacemos que los demás lloren con nuestras memeces.

Estamos bien servidos.

Demasiado bien.

Porque, además de todo, resulta que somos amigos.

Los mejores.

Y eso lo complica todo. O hace más fácil que nunca pase nada.

"Ten. Un pastelito de frambuesa. Vamos a brindar".

Por nosotros. Los dos. Pero por separado.

Hasta que la cama nos separe.

miércoles, abril 02, 2008

Risto Mepone

Jamás pensé que pronunciaría estas palabras. Pero sí. Aunque siempre he pasado de Risto Mejide, por prepotente, chulo, perdonavidas y, sobre todo, hiriente, he de reconocer que, más o menos, donde dije "digo", digo "Diego", y ahora Risto Mejide ya no me jiede, sino que Mepone...

La culpa la tienen unas cuantas páginas que acaban de ver la luz bajo el título El pensamiento negativo. El nombre es de lo más acertado. Y no porque Risto sea pesimista -que lo es-, sino porque da una vuelta de tuerca a las convenciones que nos estrangulan el día a día, se reinventa a sí mismo, se quita la costra de vanidad que viste para vender su propio producto -o sea, que deja de ser, por unos capítulos, el repelente miembro del jurado de Operación Triunfo- y hasta deja vislumbrar que tiene sentimientos y que, con el corazón en la tecla, es un ser de lo más original. Más original que el común de los seres. Y sobre todo, que es mucho más que la mayoría de los hombres.

Como muestra, unos cuantos botones. En forma de gota roja.
  • Abandonar un sueño es como morirse por capítulos. Con la diferencia de que esta colección no la acabas tú, sino que probablemente sea ella la que acabe contigo.
  • Despegarse del suelo que uno pisa es el primer paso para darse la gran hostia.
  • Admitir e incluso estar orgulloso de tus fracasos puede ser el principio de gestación de todos tus próximos triunfos.
  • Elegancia es hasta donde dices basta.
  • Creer firmemente en que nada dura te ayuda a hacer que las cosas acaben durando.
  • Nada de todo esto ha sido en vano. Siempre he creído que el arrepentimiento era el analgésico de los moralistas y el anestésico de los cobardes. Y, hoy por hoy, sigo valientemente orgulloso de haberlo intentado, de haberlo perdido todo y de haber sentido lo que tú me has hecho sentir.
Risto Mejide, El pensamiento negativo, Espasa, Madrid, 2008.

martes, abril 01, 2008

Otros dos brillantes

Una, chica de pueblo, con poco más de metro y medio de carne -prieta, todo hay que decirlo- y un cerebro no muy mal dotado, aunque algo oxidadillo, anda últimamente con el ego por las nubes.

Resulta que tres bloggers de tronío consideran que este Devezencuandario es brillante, merecedor, por tanto, del Brillante Weblog.

Primero fue el hada Mara, cuyo guante recogí y volví a lanzar, tal como marcaban las reglas; después, siguieron su estela Juan Rodríguez Millán y Javi Boix, dos colegas -uno más que otro, pues Javier, lejos de ser periodista, es un auténtico experto en materia publicitaria- que resplandecen en sus respectivas bitácoras.

A todos ellos, gracias. Sin vosotros, y sin todos los que se pasean cada día por estas líneas ciclotímicas, mis teclas no serían nada. O serían menos de lo que son ahora.

Vosotros, todos los que leéis esto, sois las auténticas joyas.

Buenos días... y buena suerte.

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