lunes, marzo 30, 2009

La Estrella


No se puede tener una cara más dulce. No se puede llorar con más elegancia. El dolor no puede ser más tierno. Sus manos no pueden ser más expresivas.

Descubro a La Estrella tarde –como todo lo que estoy descubriendo de la Semana Santa–, pero Ella también me ha enamorado. Su prestancia. Su empaque. Su ternura. Su duende trianero.

Hoy es su día. La festividad de La Estrella. Y hoy sólo quedan seis días para que avance, majestuosa, por las calles de su barrio. Y para que llegue a La Campana y deje a Sevilla entera con el corazón partío, rendida ante los andares majestuosos de su paso.

Quién estuviera allí. Quién estuviera.


domingo, marzo 29, 2009

Mi Semana Santa

video

Mi sencillo y humilde homenaje a la Semana Santa de Sevilla, con música de Los Romeros de la Puebla. Cuando le vaya cogiendo el truco a mi Mac y tenga más fotos y mejores, haré más cositas.

¡¡Sólo queda una semana!!

P.D.: Abstenerse de pulsar el "Play" los puristas, porque la música no os va a gustar. Sé que lo adecuado son las marchas procesionales, los tambores y las cornetas (que me encantan), pero para mí este tema tiene un valor sentimental especial, porque lo escuché por primera vez el primer año que pude vivir la Semana Santa sevillana.

miércoles, marzo 25, 2009

Quiero ir de boda

Quiero ir de boda. Quiero comprarme un vestido bonito. Quiero arreglarme a conciencia. Quiero sentirme princesa un rato. Peinarme bien peinada. Maquillarme sin prisa. Con paciencia. Salir perfecta de casa.

Y quiero sentirme especial sin necesidad de ser la novia.

Desde que descubrí la impresionante colección de tocados de mi amiga Nuria, tengo más ganas que nunca de casar a alguien. Tiene bemoles la cosa, pero nunca me he puesto un tocado. Quizá porque no me veía lo suficientemente elegante.

Pero, cuando he visto sus fotos en Tustocados.com, tanto colorido, tanta alegría, y también tanto empaque, tanto señorío... qué queréis que os diga, me muero por ir de boda. Aunque sea de acompañante. ¿Quién me invita?

P.D.: Por cierto, ha bautizado uno de sus sombreros con mi nombre... ¿a que es chulo?

jueves, marzo 19, 2009

De nuevo, el nudo

Creí que nunca podría volver a sentirlo. Que nunca más tendría ese peculiar pellizco en el estómago.

Se fue hace poco más de un año. He intentado recuperarlo, en vano, aun a sabiendas de que el nudo llega cuando no se le llama, y de la mano de quien menos te lo esperas.

Y hoy, hoy que lo he recuperado, he vuelto sobre mis pasos para recordar aquel otro nudo... y para demostrarme a mí misma, tras mirarme en el espejo de mis palabras, que sí, que siento algo parecido. Parecido, pero mejor.

De todo lo que escribí entonces, me quedo con esto:

Vivo más acompañada que nunca. También sola. Descubro en ti lo que nunca tuve. Lo que soñé, despierta y dormida, pensando que no podía existir más allá de mi cabeza. Lo que pedí, lo que sigo pidiendo siempre y lo que pediré toda la vida. Todo aquello en lo que creo, aunque dejase de creerlo, porque llegué a creer -incrédula de mí- que nunca lo encontraría.

[...] Me acompañas. Me acompañas cuando estás, y también cuando te marchas. Cuando hablas y cuando callas, cuando sólo respiras. Incluso cuando llega el viernes y me despido, sin querer, como si me fuera la vida en ello, porque sé que me queda una eternidad para volver a tenerte sin haberte tenido nunca. Sólo con tu voz. Con tu voz y con tu aliento.

Pero aun entonces me acompañas. Aun estando sola. [...]

Porque al mismo tiempo que tú se quedó conmigo un nudo -"el nudo", ¿te acuerdas?-, que me aprieta, que me oprime, que me dice que no intente entender toda esta marea, que sólo me deje arrastrar. Que la gente de tierra adentro nos asustamos con esto de las corrientes, pero que lo único que puede ocurrirte si te dejas llevar por la marea es que te arrulle la luna, que la luna, al fin y al cabo, es la dueña y señora de todos estos vaivenes.

Y se hace de noche y la miro. Y la miro y me mira y me dice que quizá tú la mires también, y le pido que me guarde este secreto.

Con esto, y con el comentario de mi siempre sabia y siempre amiga Esteffi... que, como siempre, también aquella vez tuvo razón:

Sabe esperar, aguarda a que la marea fluya, así en la costa un barco, sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya, porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y además, importa.

miércoles, marzo 11, 2009

Lloraban sangre

No me gusta recrearme en el dolor. El dolor debe ir por dentro. Sin alharacas. Se debe rumiar a solas y, si se llora, si se llora porque ya no se puede aguantar tanta punzada, entonces hay que llorarlo con dignidad. Y con elegancia. Con rabia, si se quiere, pero con la cabeza alta.

Así es como lloramos los madrileños cada 11 de marzo. Los madrileños y todos los españoles. Así. Con rabia, pero con la cabeza alta. Con elegancia. Con dignidad.

Ese 11 de marzo, a todos, aunque no fuéramos en ese tren ni conociéramos a nadie que se quedase en el camino, a todos nos robaron un pedacito de vida. A todos nos partieron el corazón. A todos nos dejaron con un rejón de muerte clavado en el alma.

Yo, lo reconozco, sigo sin tomar verdadera conciencia de la masacre. De tanto horror. De tanto miedo. De tanta infamia. Sólo sé que, la mañana siguiente, cuando esperaba mi turno para que me sacaran sangre, era sangre, y no otra cosa, lo que inundaba las portadas de los periódicos. Y era sangre, y no otra cosa, lo que lloraban los ojos de todos los madrileños. Y de todos los españoles. Y de todos los hombres de bien.

martes, marzo 10, 2009

Donde siempre es Pasión


Tengo el cuerpo del revés. Sólo huelo a incienso, la luna para mí sólo puede estar llena, todos los sones me traen compases cofrades y cada noche sueño con una Madrugá que nunca acabe.

La Semana Santa está al caer. No sé cómo ni por qué me enamoré de ella, pero lo cierto es que, para mí, es la fecha más importante del año. Es la fecha en que todas las calles de Sevilla te llevan al cielo, cuando cada minuto de espera es emoción aunque haga frío, te duelan los pies y se te cierren los ojos de cansancio. Es la fecha en que tienes la Gloria un poquito más cerca, la fecha en la que el sufrimiento del costalero, que tú apenas intuyes desde la distancia que te separa del paso, se convierte en penitencia conjunta, en redención implorada para alcanzar esa Luz divina que, por otra parte, no quieres que llegue del todo, porque eso significa que la Resurrección, con su Domingo de campanillas, con sus galas y sus fastos, ya está aquí, y que aún te queda otro año para volver a estremecerte de emoción con ese no sé qué que te recorre el cuerpo y te estruja el alma cada vez que llega la Semana de Pasión.

Este año he contado los días más que nunca. Necesito que llegue. Necesito pisar Sevilla de nuevo. Necesito oler a incienso. Necesito rezarle al Gran Poder en la calle, quedarme sin respiración con su silencio. Necesito llorar al ver aparecer, flamenca como ella sola, a mi Esperanza de Triana. Necesito quitarme el sombrero ante la elegancia sin par de la Macarena. Y temblar al ver de lejos el vaivén inigualable del Cristo de los Gitanos.

Y, en mi espera, larga espera, he encontrado aliados. Caballa, esa Callejuela del barrio del cielo, un Costal y Trabajadera que son capaces de levantar la fe hasta del más descreído... y, en cada uno de sus posts, mil ilusiones, mil sueños en forma de comentarios, mil almas que sienten lo mismo que yo, aunque estemos lejos, aunque yo no me haya criado entre capirotes y aunque en mi pueblo no sepan que el martillo no es sólo para clavar clavos.

Porque en sus casas, siempre es Pasión. Y en Pasión, la distancia no se mide en kilómetros.



Rocío Jurado, "Madrugá en Sevilla".

viernes, marzo 06, 2009

La medalla

Hay medallas que uno siempre lleva consigo. Son una especie de amuletos, un sostén para la vida diaria, un cachito de plata donde agarrarte cuando la vida te da la espalda y tú no tienes más remedio que seguir poniendo la cara. Las tomas en tu mano, las acaricias, les das mil vueltas en contacto con tu piel y llega un momento en el que parece que te alivian. En un momento dado, no hay nada más en el mundo que tu medalla y tú. Tú y tu medalla. Nada más. Y nada menos. Con ella te sobra y te basta, en ese momento dado, para seguir tirando del carro.

Otras medallas las cuelgas en la pared. O las colocas en una vitrina en casa. O en la estantería. Son para lucirlas. Tienes un vínculo íntimo con ellas, sí, pero se te han otorgado en el ámbito de lo público, todo el mundo puede verlas y hasta te han aplaudido cuando te la colgaron del cuello o te hicieron entrega de la cajita pertinente entre abrazos y apretones de manos.

A esas medallas les tienes aprecio, es evidente, pero ya no guardan ese vínculo íntimo contigo, pues bien sabes, desde el momento en que te la otorgan, que ese año te ha tocado a ti, pero que antes les tocó a otros y que otros vendrán que la disfrutarán en años posteriores.


Es lo que ocurre con la Medalla al Mérito de las Bellas Artes. Este año le tocó a Francisco Rivera, pero antes fueron sus dueños José Tomás, Enrique Ponce, José María Manzanares, Curro Romero, Espartaco, Antoñete, Rafael de Paula, Paco Camino, Pepe Luis Vázquez, Ángel Luis Bienvenida o Antonio Ordóñez.

Hasta la fecha, todo torero que guardaba en su casa esa Medalla compartía con el resto de los premiados al menos una de estas dos características: ser un torero de los denominados "artistas", de esos que te ponen el vello de punta y hasta te hacen llorar con uno solo de sus muletazos embriagados de duende; o bien ser un torero de época, un figurón del toreo, de esos que marcan el compás de una, dos, tres, cuatro y hasta diez o doce temporadas, sin apenas despeinarse.

Pero llegó Rivera y cambió la cosa. Porque –vaya por delante el mayor de mis respetos para todo aquel que se viste de luces– Rivera no es ni un torero artista ni un figurón del toreo. Se ponga como se ponga. Y lleve los apellidos que lleve. No es el torero fino y elegante que fue su abuelo. Ni el torero aguerrido que fue su padre. Ni el torero de toreros que fue –y es– su tío Curro. Ni el torero estilista y al mismo tiempo profundo y valiente que demuestra ser su hermano. Se ponga como se ponga.

No sé si la cosa da como para que José Tomás y Paco Camino devuelvan sus respectivos honores –aunque comprendo que se desmarquen de ese nuevo concepto del arte torero que parece tener el Ministerio de Cultura– y, desde luego, me parece una salida de pata de banco la leyenda del veto que esgrimen Morante y su apoderado; ahora bien, César Antonio Molina debería rodearse de mejores consejeros. Al menos en lo que se refiere al ámbito taurino. Porque con esta nueva medalla ha pegado un buen sainete.

P.D.: Por cierto, ya que la medalla pone en pie de guerra a los toreros, les sugiero un nuevo tema de debate que, lejos de enfrentarlos, los uniría y favorecería a la fiesta entera: puesto que les premia el Ministerio de Cultura, ¿por qué no usan sus desplantes para reclamar que ese mismo Ministerio que reconoce su arte sea el que regule su actividad, en lugar de ser el Ministerio del Interior el que haga y deshaga en el toreo? Eso sí que es una incongruencia.

lunes, marzo 02, 2009

Vida perra

Llevo una vida perra. Muy perra. Lo reconozco. Y no me duelen prendas, porque últimamente visto cositas sueltas, que es una costumbre poco glamourosa pero muy favorable para la buena circulación sanguínea.

Llevo vida perra no porque me vaya mal -no, no... lo siento por mis enemigos, pero tendrán que reír otro día... de momento, yo no lloro más que por emociones fuertes como las vividas en el festival de Adrián-, sino porque no paro.

Trabajo, salir, trabajo, amigas, trabajo, pendientes, pendientes, masajes, trabajo, cafés, cafés, flamenquito,... Y así me va, que estoy menos maruja que nunca, con la casa pelín desastrosa y poca ropa limpita y planchada que me diga "Vísteme" desde el armario.

Pero la vida perra tiene su aquel. Aunque abandones el blog. Aunque no tengas tiempo ni para limarte las uñas. Aunque se te amontone la ropa y se te mueran las plantas -mamá, tranquila, la que tú me regalaste tiene mucho aguante y resiste pese a la sequía-.

La vida perra, a veces, mola. Te abre horizontes. Y te cierra las puertas al aburrimiento.

Eso sí, te deja para el arrastre.

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