Yo no sabía que los cocodrilos tienen los ojos amarillos. En realidad, nunca me había parado a pensar en si los cocodrilos tenían ojos o si acaso miraban con los dientes. Si su pupila era una dentellada y su brillo, tu miedo. Pero el caso es que los ojos de los cocodrilos son amarillos, sí, y esa certeza le ha servido a Katherine Pancol para convertirse en una de las autoras más aclamadas de Francia.
Terminé Los ojos amarillos de los cocodrilos hace meses, pero, lo que son las cosas, nunca hasta hoy he encontrado momento de comentarlo. Y resulta que, después de fustigarme hasta la extenuación por mi falta de tiempo y mi exceso de vagancia, me encuentro con que hoy, 14 de julio, es el día ideal para redimirme de mi pecado capital de la pereza. Hoy, 14 de julio, no hay fiesta en el Elíseo –la crisis es así, no hay gasto pequeño–, pero este humilde blog se viste de parisino, con boina y todo, para celebrar el día grande de Francia. Sin croissants, eso sí, que no está la operación bikini para bollos.

