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| Nathalie Kuperman (Foto tomada de la web de La Esfera de los Libros) |
Hubo un tiempo en que éramos seres vivos, en que al respirar dejábamos algo más allá del vaho en la pantalla del ordenador. Un tiempo en que éramos más que cifras. Más que monigotes en la cola del paro. Ese tiempo en el que la selección natural del ser humano no dependía de lo pelota que pudieras llegar a ser con tu jefe quizá haya pasado a la historia. Puede que un ser vivo, en lo laboral, sea ahora algo más que un corazón que late o un par de pulmones que respiran.
Porque a punto estás de quedarte sin respiración cuando te aprietan el cinturón hasta el punto de ponértelo al cuello a modo de soga. Y ese sinvivir en que se convierte la supervivencia es lo que relata Nathalie Kuperman en Cuando éramos seres vivos (Ed. La Esfera de los Libros), la crónica de un despido anunciado en una gran empresa francesa que nos muestra cómo unos siguen viviendo y otros malviven entre los escombros de un día a día reptiliano en el que mañana siempre será peor que ayer.
-El título, Cuando éramos seres vivos, ¿se refiere a una época en la que los humanos no éramos marionetas de las empresas?
-El título va más allá de la situación de la empresa. Fue a partir de esta frase: "Y pensar que éramos seres vivos" cuando tuve ganas de escribir el libro. Mientras estaba en el metro, tuve la sensación de que la gente que me rodeaba no transmitía la alegría de vivir. Y me sorprendí al pensar que yo misma tampoco transmitía una imagen de felicidad. Tenía el título pero no la novela. El resto vino luego.
-Hay una figura curiosa en la narración, "el coro". ¿Hemos perdido el sentido de colectividad para convertirnos, simplemente, en masa?
-Es cierto que estamos convirtiéndonos en una sociedad cada vez más individualista, orquestada por aquellos que ostentan el poder, por el poder en general. El resultado es que estamos uno al lado del otro, pero solos, mientras que antes existía una manera de estar juntos. En mi libro, el coro es una especie de tentativa de encontrar ese colectivo. La tentativa fracasa, pero tengo la esperanza de que encontraremos un día la fuerza para unirnos en la lucha.

