Llevo unos días sin escribir, y no es por falta de temas, ni de tiempo. Tampoco por falta de ganas. No sé muy bien por qué. Tampoco es que quiera estropearme la manicura casera que me regalé el viernes, ni me termino de creer que la astenia que menciona mi doctora se haya apoderado, más que de mi cuerpo, de mi alma desgastada. Para ser más exactos, diría que, más que de astenia, sufro de abulia, y eso es más preocupante, porque no se cura con el fin de la primavera ni con pastillitas de colores: es un estado vital que me persigue desde hace tiempo y, como he perdido la sana costumbre de ir al gimnasio -¿alguna vez pasó de arrebato?-, no corro lo suficiente como para que no me alcance.
En fin: como lo último que pretendo es darme pena a mí misma -y mucho menos al prójimo, líbreme Dios-, diré que en estos tres días de vagancia suprema no sólo he planchado la montaña de ropa que amenazaba con desplomarse sobre mí nada más abrir la puerta del armario: también he hecho algún que otro descubrimiento que, como no soy nada egoísta, compartiré con quienes aún se atreven a leerme.
Se trata de Documentación, el blog de cabecera de Juan Miguel Sánchez Vigil en el que pueden encontrarse, cada día, las mejores fotos de una de las artistas más laureadas en esto del objetivo -al menos en lo taurino-: Paloma Aguilar.
Podría decir muchas cosas de los dos, pero no diré nada, porque luego se me acusa de favoritismos y de falta de objetividad, y como ya tengo muchas acusaciones pendientes y pocas esperanzas de que resista mi defensa, dejaré al buen juicio del lector que lo tenga la valoración de este espacio de lujo.
martes, mayo 20, 2008
Un nuevo descubrimiento
viernes, mayo 16, 2008
Reencuentros en una nueva fase
No me dio tiempo a hacerme el traje de chulapa. No hubo pañuelo blanco en el pelo, ni clavel reventón sobre la frente. Ni volantes, ni jaretas, ni mantón de Manila.Pero sí viví San Isidro con intensidad. Primero, saludos con la gente de El Cid, que da gusto con ellos, oyes, que son canela pura. Después, tertulia en el Asador Donostiarra, que hay que ver lo divertida que la hacen Moncholi y Mario. Y lo bien que nos alimenta don Pedro Ábrego. Más tarde, nueva ronda de saludos en la plaza: Carmen Segovia, contenta tras superar con nota el difícil examen isidril; Castander y Marisa, con Alvarito, haciendo afición, como ha de ser; Carmen y Sandra, emocionada ante su primer acercamiento a la fiesta que es la Fiesta; Olga, siempre atenta a mil llamadas, a doscientos besos, a quinientas preguntas, a decenas de compromisos... y siempre con una sonrisa sincera en los labios; y uno de los saludos que más me ilusionaron, quizá porque era el menos esperado: el de Óscar, el mejor enlacero del mundo mundial.
Con técnico de tan gran altura -y más alto corazón-, ¿cómo no va a salir bien una retransmisión?
(Lo de que salió bien me lo asegura Virginia, siempre al quite y cada día con los ojos más brillantes, que vio por Telemadrid el faenón de El Cid y la mala fortuna de Talavante, al que habrá que seguir esperando, al menos hasta el día 30).
jueves, mayo 15, 2008
400
Los números redondos pueden tener picos, pero merecen fiesta aparte. Al menos según la costumbre. No importa la primera de las cifras, pues lo que cuenta es el cero o el cinco que se le adosa detrás. Y si son varios ceros y pocos cincos, mejor.
En la categoría de números festejables, las centenas tienen trato de favor. Los millares, más, pero es que abundan poco. Las decenas, en cambio, están infravaloradas porque las cumple cualquiera.
Luego están, más allá del cero, los cuartos de centena. O sea, el veinticinco, el cincuenta -que merece mención aparte, pues además de cinco viste cero- y el setenta y cinco. Es lo que llaman bodas de plata, de oro y de platino. Y tal como avanzan las estadísticas de divorcio, las de plata ya son un logro en toda regla.
Yo, la verdad, no me fijé en los datos de la página de entrada de este blog cuando el contador marcó las cien, las doscientas o las trescientas entradas. Pero sí llevo días pensando que después de la 397 llega la 398, luego la 399 y después, el número redondo, con picos, pero redondo: el 400.
Por eso ayer me dio grima escribir. Más que grima, miedo. Por no estar a la altura de la situación, que es decir poco, porque la situación no dejo de ser yo misma y altura, lo que se dice altura, tengo poca.
Pero digo yo que no voy a dejar de escribir el post de las cuatro centenas por miedo. Y menos por miedo a un botijín como la que suscribe. Tampoco es que vaya a comprar pasteles para celebrarlo, que la Operación Bikini empieza a dar sus frutos y no es cuestión de cagarla por un par de ceros con un cuatro delante.
Puestos a celebrar, elegiría, por ejemplo, un trapito nuevo. O unos zapatos. O un bolso. O las tres cosas. Sí, las tres cosas. Trapo, zapatos y bolso. Y viaje, ya de paso. Que los estrenos saben mejor cuando llegan en plena tourné.
Por cierto: lo escribo al final, pero no es por ello menos importante. Al revés: no sólo no es lo de menos, sino que es lo demás. Gracias por estar ahí. Por aguantarme cuatrocientas rayaduras y estar dispuestos a seguir aguantando. No sé si otras cuatrocientas más o solamente cuatro, pero por aguantarme.
Por eso, porque estáis, os regalo una cancioncita que tenía medio olvidada.
Buen día. Aunque sea quince.
Beth, "Estás".
martes, mayo 13, 2008
Hoy hace 55 años
Unos las firman y otros las torean. Y, a veces, triunfan. Que, aunque uno sea segundo suplente, si la suerte le sonríe, no hay más que hablar. Siempre y cuando haya maestría de por medio, claro está. Fue lo que sucedió el 13 de mayo de 1953 con Rafael Ortega. El veterano diestro gaditano hizo el paseíllo en Las Ventas para sustituir a Pedrés, que a su vez había de sustituir a Ordóñez, y Ortega, que dio una auténtica lección de la suerte suprema, cortó las dos orejas de su segundo, en presencia de Julio Aparicio y Antoñete, que confirmó su alternativa con toros de Alipio Pérez Tabernero.
Según las crónicas de la época, fue la de Ortega una faena con sabor añejo: “ha matado un toro en la suerte impecable de recibir como no se ha matado otro en lo que va de siglo”, según escribió Alardi en El Alcázar, para quien el diestro gaditano enseñó al respetable a “saborear qué es eso de matar ‘un toro como los ángeles’, como decían los críticos antañones”. Ahora bien, no todo quedó en la espada, pues todo ello “no fue nada si lo comparamos con el estilo, el señorío, la verdad y el valor con que toreó de capa y muleta al toro de tan sensacional triunfo”.
El mismo argumento emplea Giraldillo para ponderar la actuación de Rafael Ortega en ABC: “nos asombra con una estocada de la primera mitad del siglo pasado, cuando todavía Lagartijo no había inventado la trampa de la media estocada, que luego había de tenerse como cosa meritoria, que así cambian los criterios al correr de los años. Pues, sí; de la primera mitad del siglo XIX fue la estocada que, recibiendo, dio Ortega. Claro que, como estamos en la primera mitad del XX, el toro no había tomado más que dos varas. Pero quizá en eso estuvo la vista del torero: en conservar el brío de la res para que llegase al cite final con la fuerza suficiente para clavarse el estoque que estaba en tan valerosa mano”.
Clarito, crítico de Informaciones, coincide con sus compañeros, y resume así la faena triunfal del diestro de la Isla de San Fernando: “Ortega, después de unas apretadas gaoneras —en las que fue derribado, y no se amilanó—, hizo una faena valerosísima sobre la mano izquierda y mató clásicamente a volapié. Como ha mucho que no se ve matar, o como ya se ve muy raramente”.
Han pasado más de cincuenta años desde que se publicaron estas líneas, pero algunos de los argumentos que en ellas pueden leerse no han perdido un ápice de vigencia. Como la melancolía por la suerte de matar recibiendo.
Trece de mayo
Sí, lo reconozco. Y no me pienso sonrojar por ello. Me gusta la copla. Me traslada a un tiempo en el que los hombres se vestían por los pies y se llevaba la mujer-mujer, sin recauchutar, consciente de su poderío, del efecto que causaba la caída de sus pestañas en aquellos que tenía enfrente -y causaba efecto, entre otras cosas, porque antes se miraba más a los ojos. O eso creo-, valiente ante el amor, torera en la pasión, firme para querer y sentir, aunque fuera a escondidas, en un mundo que no se lo ponía fácil.
Me gusta la copla y me gusta, y mucho, la que lleva por título la fecha de hoy. Trece de mayo... "Ay 13, 13 de mayo... clarín de amor y de olvido... por la sangre me corrió un toro de escalofrío que dejó mi alma clavada en la plaza del suspiro...".
Lola Flores, "Trece de mayo" (León/Solano).
domingo, mayo 11, 2008
El tiempo del amor
"El amor hace pasar el tiempo y el tiempo hace pasar el amor". Buen proverbio chino para empezar una mañana llorona de domingo.
Que conste que la que llora no soy yo. Es el ambiente. Una nube perpetua que lleva instalada en lo alto desde hace un par de días y no se decide a descargar en condiciones ni a marcharse por donde vino. Porque, digo yo, si no piensa ejercer, ¿qué coño pinta? ¿De atrezo? Pues prefiero un patio con naranjos bañado por el sol.
La cita aparece en la contraportada de una edición de los Nuevos cuentos de amor de Hesse, que gentilmente me brinda Emi con la sana intención de facilitarme el parto de la entrada dominical.
Montera en mano, también me ofrece un suculento aperitivo del selecto piscolabis cultural de El País:
No creo que se parezcan. Todas las aproximaciones y los vínculos entre poesía y toreo palidecen ante lo que supone el encuentro, una vez y otra, del torero con la muerte. Toda esa mezcla de gravedad y ligereza, la suspensión del tiempo, la belleza emocionante y antiquísima haciéndose cada vez de una forma nueva, la búsqueda continua de lo inefable, la música interior, el enfrentamiento entre una inteligencia vulnerable y una energía descomunal de resonancia atávica, todas esas aproximaciones que pueden servir igualmente para definir a la poesía y al toreo se debilitan ante la posibilidad de morir de verdad en cada intento y ante el ejercicio hermoso, brutal, delicado y continuo de la muerte que tiene lugar cada tarde de feria en una plaza.
Luis Muñoz, "Poesía y toreo".
Cualquiera se anima ahora a darle a la tecla. Ni para comentar la corrida de Peñajara que ayer se le fue a la terna ni para hablar del tiempo del amor. Y mucho menos de lo segundo. Que para el amor ya no tengo tiempo.
Covi también estrena casa

Igual que Rosa, Covi también tiene nuevo blog con motivo del maratón isidril.
Es un lujazo ver los toros desde su Andanada del 9. Con esa pluma tan elegante, tan sugerente, tan... tan auténtica.
¿Quién iba a querer una barrera del 10 teniendo este refugio covadonguiano?
sábado, mayo 10, 2008
Una noche con Sabina
Ayer tocó vida cultureta. Primero, libros. Después, crónicas. Toda la tarde en la Hemeroteca Nacional. Desesperada por la de trámites que hay que hacer para consultar una puñetera página de un periódico. Y cuando la página en cuestión se multiplica por cincuenta, mis nervios se desatan y no me como al funcionario de turno porque estoy a dieta.
Menos mal que luego llegó la sesión de cine y, con ella, el relax.
Se presentaba en Documentamadrid, el Festival Internacional de Documentales de Madrid, Joaquín Sabina-19 días y 500 noches, la película de Ramon Gieling sobre el genial artista de Úbeda. Esperaba pasar un buen rato, pero la cinta me deparó algo más que eso. Aunque no soy experta en cine, me pareció un documental muy bien estructurado y técnicamente cuidado, con un guión más que interesante y un montaje digno de tener en cuenta.
Ahora bien, lo mejor, tres "actuaciones". Tres testimonios en torno a Sabina y las vivencias que provocan sus canciones: Talavante, Morente y una empleada de banca que tuvo el arrojo de decirle a Sabina en un restaurante "Eh, tú, eres un rojo de mierda, pero tengo todos tus putos discos". Y digo yo que después se harían amigos, porque, si no, no sé qué pintaba la susodicha en el documental. Y en la sala.
Si mis informaciones no me fallan, la película se estrenará en septiembre y se podrá disfrutar en las salas de cine. También se comercializarán dvd. Yo no me la pienso perder. Otra vez.
P.D.: Ah, y después del cine, tocó fotografía. Tenía una deuda con la exposición de Juan Pelegrín en Patas Chico y no me decepcionó. Impresionante una foto de Agustín de Espartinas. Bueno, de él no. De su mano y su montera. Y de una virgen protectora dentro de ella. Impresionante.
El Rocío, desde lejos

Llueve. Sobre mojado, pero poco. Las nubes no dejan ver la claridad. Ni un solo rayo de sol tiene agallas para luchar contra este día gris. Plomizo.
Estoy destemplada y con el alma en otro sitio. La cabeza, también. Vacía de neuronas y llenita de arena.
No es una arena cualquiera. La piso y no me hundo. La piso y parece que voy a un palmo de ella. Como si me diera alas. Como si me hiciera sentir que, aunque cueste hacer el camino, llegar al final tiene su recompensa.
Y no es sólo verla a Ella. Y no es la juerga. No son las guitarras, ni las palmas, ni los bailes, ni las mantas junto a la candela, ni los volantes, ni las flores en el pelo, ni los botos, ni las carretas. No es la fiesta. Es mi esperanza.
Es el vello erizado. Es una pestaña humedecida. Son recuerdos de estampas que jamás sucedieron, sueños de caricias que nunca recorrerán la piel con olor a romero, promesas que no se cumplieron y juramentos que no se pronuncian para que no se cometa el pecado supremo de echarlos en el saco roto del olvido.
Es el Rocío.
El que nunca tuve. Sólo en sueños.
Y el que nunca tendré. Porque los sueños no se cumplen. Al menos no los que se sueñan tanto. Y tan nítidos.
Foto: "El Rocío", por Ramón L. Pérez, en Flickr.
viernes, mayo 09, 2008
Citas ajenas
La frase que Proverbia deja hoy en mi buzón viene que ni pintada para refrendar mi último post:
"No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo". Susan Sontag.
Esto es un argumento de autoridad y lo demás, chuflerías.
