lunes, noviembre 09, 2009

Más allá de las sonrisas

¿Qué hay al otro lado de una sonrisa? ¿Qué se esconde tras unos labios estirados a lo ancho del rostro, abombando las mejillas? Lo más fácil es pensar que, tras una sonrisa, hay una brizna de felicidad. Que más allá del gesto se esconde la alegría, aunque sea fugaz.

Pero no en Bombay. En Bombay, detrás de las sonrisas hay una realidad tenebrosa e inquietante: más de diez millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, entre los que destacan niños cuya única opción de futuro consiste en deshojar el trébol de la ignominia, en elegir entre recolectar basura, mendigar o prostituirse. Eso y la lepra, que en India campa a sus anchas, se agazapa en cada esquina y se esconde, también, detrás de cada labio, detrás de cada pupila, detrás de cada corazón.

Jaume Sanllorente lo vio claro cuando, hace seis años, dejó su carrera periodística en Barcelona para dar su vida a las comunidades más desfavorecidas de Bombay a través de su propia ONG, Sonrisas de Bombay.

Francesc Melción, también. Llegó a Bombay en 2005 para trabajar y se dio cuenta de que el verdadero valor de sus fotografías era la denuncia. Que por eso resultaban incómodas para aquellos grandes medios de comunicación en los que acostumbra a publicar. Y que la salida para mostrar al mundo tanta pobreza, tanta desigualdad, tanta injusticia, era encontrar un editor con la sensibilidad suficiente como para hacer de cada página un pedacito de alma y así, pedazo a pedazo, ir construyendo la conciencia social necesaria para procurar un futuro mejor a tantas vidas en suspenso. El editor no era otro más que Jordi Nadal. Su casa, Plataforma Editorial.

El resultado es Bombay: Más allá de las sonrisas, un libro que reúne fotos-denuncia, en blanco y negro, firmadas por Melción, así como textos de Sanllorente (cuyo primer libro, Sonrisas de Bombay, es un auténtico best seller y ha removido las conciencias de miles de lectores).

Los autores del libro, durante la firma de ejemplares.


Junto a este volumen, nace también Mumbay Action, una agencia de noticias online que denuncia los crímenes contra los Derechos Humanos y defiende los intereses de los ciudadanos más vulnerables de Bombay, dando a conocer las acciones de las numerosas ONG que trabajan en este auténtico polvorín de pobreza.

Quizá muchos escépticos piensen que comprar un libro no garantiza el futuro, ni siquiera el futuro inmediato, a un solo niño. Quizá. Pero miren, "Los buenos libros puede que no cambien el mundo, pero nos cambian a nosotros". Lo dijo Jordi Nadal en la emotiva presentación de Bombay: Más allá de las sonrisas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Y si lo dice Jordi, hay que creerle. Sabe de libros, y sabe de corazón.

Jordi Nadal, editor, y Jaume Sanllorente, autor de los textos del libro.

martes, noviembre 03, 2009

Para regalarse

Me veo obligada a navegar en busca de abalorios con los que animarme. Los míos no bastan. Quiero más y mejores. Y quiero que me los regalen.

Y, en mi periplo cibernético, he dado con la opción ideal: el sorteo de Tocados de cabeza, el blog donde he descubierto las creaciones elegantes, chic y divertidas de Pepa Ramírez. Quedan apenas dos días para que termine el concurso, así que, si queréis ganar una de estas tres graciosas creaciones, visitad ya su página:



Trasluz

Cierro mi particular reseña del XXV Premio de Poesía Cafetín Croché con otra Mención Especial que también me conmovió:

TRASLUZ

Cómo me gustaría que arañaras mi herrumbre
y habitara en tus uñas el polvo de mis días
aunque fuera un momento.

Sentir que alguien descubre las viejas superficies
y aclara el apagado trasluz de los espacios
con el gesto adecuado prendido en la inminencia
de una espera que teme ser espera.

Cómo me gustaría
que excavaras los versos de mis últimas noches
y extrajeras el polen del fondo de su ombligo
para poder rozarlo con la piel renovada.

Practicar en tus dedos las palabras malditas,
las que se me olvidaron,
las que se amartillaron en oscuras recámaras,
las que se despeñaron por cualquier escalón.

Cómo me gustaría
ofrecerte una franja de un horario trucado
para que desplegaras tu alfombra de sueños por el suelo
y decidir en cuál queremos retozar.

Verte doblar la esquina
de todos los minutos donde la vida hiere como una cuchillada,
transitar el instinto desde tu primavera
deshojando el rumor de este páramo en sombras.

Cómo me gustaría
sentir que me desprendes de toda indumentaria
y que penetras en mi mundo de ausencias
para llenarlo todo...

... aunque sea un momento.

Yose Álvarez-Mesa
Arnao (Asturias)

lunes, noviembre 02, 2009

Ciega

Uno de los poemas que más me gustaron de los ganadores del XXV Premio de Poesía Cafetín Croché es Ciega, de Sandra Pérez Mercader (Alicante).

Me permito reproducirlo:

CIEGA

Al irte, me has dejado
un ruido de carcomas en la sangre,
un rastro de ceniza
que ensucia las paredes en tu ausencia,
mientras todoa mi lado
se vuelve un tren sin gente,
lleno de puertas rotas
y pasillos vacíos,
donde acuden los perros
verdes de tus ojos a destrozar
mi sueño con los dientes.

Ahora encuentro tu voz
en el café cargado del recuerdo,
y su olor me encadena
al mástil de tu nombre.

Estoy harta de ver cómo se rompe
la luna en los cristales,
cansada de escribir "te amo"
en los espejos,
pero, sin ti, mis manos
siguen lamiendo ciegas
señales de luz bajo la lluvia,
practicando a deshora la papiroflexia inútil del olvido.

A veces, doblo todo el silencio que me habita,
y te dibujo pájaros de chicle
y árboles en el corazón;
otras veces, en cambio, me conformo
con hacer garabatos de almíbar en tus manos.

No sé qué más decir.
Puede que sea el momento
de enterrar las palabras una a una
bajo el pesado escombro de este invierno.
Podría transcribir a oscuras la tristeza,
pero nunca he sabido llorar cuando es preciso.
En mis venas no hay ya lugar
para guardar la noche hecha pedazos,
a no ser que achique la sangre a cucharadas.

Sandra Pérez Mercader
Mención Especial del XXV Premio de Poesía Cafetín Croché

sábado, octubre 31, 2009

Bodas de plata con la poesía

Entrar allí es volar, sin esperas y sin escalas, hasta otro lugar, hasta otro tiempo donde el tiempo no corre, donde un café es, más que una bebida, una llamada a las musas y donde una mirada puede quedarse prendida en el ganchillo que acaricia las mesas de madera antigua para clavarse, quién sabe si años después, en el alma de algún desenamorado taciturno.

Croché es un oasis de inspiración en medio de la solemnidad, tan majestuosa como fría, de la piedra herreriana escurialense. Es un hogar para las musas, un paraíso para la creación, un refugio acogedor para la palabra. Y, quien quiera pruebas, ahí tiene su historial: 25 años, 25, de apuesta por la poesía, con un premio que, sin ínfulas ni grandes pretensiones, se ha convertido en internacional por la dispar procedencia de sus miles de participantes.


En estas bodas de plata con la poesía, 859 han sido los poetas que han presentados sus obras, desde los más diversos rincones de la geografía española hasta otros países como Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Panamá, Rusia, Venezuela y Uruguay.

Como regalo de sábado, me permito dejar prendidos en esta entrada los versos ganadores. Corresponden a José Pozo Madrid, de Tomelloso (Ciudad Real), y llevan por título Qué fácil fue creer.



ACTUALIZACIÓN: El autor del poema se ha puesto en contacto con este blog y me ha pedido que retire los versos, puesto que quiere publicarlos en otro poemario. Quedo a la espera del enlace para poder darle la publicidad que creo merece.

En la imagen, el ganador del XXV Premio de Poesía Cafetín Croché, José Pozo Madrid, lee su poema.

viernes, octubre 16, 2009

La carta que nunca leerás

No sé cómo empezar estas líneas, porque no sé cómo se escribe a quien no va a leerte. O sí, vete tú a saber, que una siempre tiene la sensación de teclear en el vacío, sin ojos que recorran cada golpe de letra.

Hace cuatro años que no estás. Cuatro años ya. ¿O estuviste alguna vez? Sí, alguna sí. No quiero ser injusta. Aunque ya da igual.

Hace cuatro años que no estás y apenas te echo de menos. Ni hoy, ni el año pasado, ni el otro anterior, ni el día siguiente a aquel día.

Sólo sé que, desde que te fuiste, mi vida ha cambiado. Mucho. ¿Sabes?, ya no grito tanto ni me mosqueo por cualquier cosa. Ya tengo más claro qué es lo que quiero. O al menos qué es lo que no quiero. Y sé a quién quiero. Sí, créetelo. Otra cosa más que te has perdido.

Tenías esa extraña virtud. La de perdértelo todo. Y hasta te perdiste a ti mismo.

Y eso es lo que yo no pienso consentir. Yo no me voy a perder. Ni voy a perder a la gente que quiero. Porque no quiero cosas. Sólo quiero gente. Y ésa es mi grandeza.

Que sí, qué coño, que soy grande, aunque siga sin haber crecido.

martes, septiembre 15, 2009

Sin libros no hay paraíso

Que levante la mano quien no haya buscado, aunque sólo sea una vez, la felicidad. Una parcelita, siquiera. Ese cachito del paraíso que, se supone –o eso queremos creer–, nos pertenece sólo por haber nacido. Porque, si no, qué sentido tendría pasar los días.

A medida que lo buscas, pudiera parecer que el paraíso cambia de ubicación. Que unas veces está en el amor que te da el de al lado; otras, en la comprensión de una madre; o en un trabajo que te realice –y te aporte una cuantiosa nómina a final de mes–; o en unas vacaciones junto al mar; o en la sonrisa de un hijo. O en una tarde con una amiga. O en una siesta a la sombra de un pino. Yo qué sé.

Pero no. En el fondo, la brújula que nos guía a la hora de buscar el paraíso no tiene otro norte que nosotros mismos. Y eso es lo que transmite el último libro de Jordi Nadal, El paraíso interior (Plataforma Editorial).

De sus páginas subrayaría todo. Señalaría cada esquina. Me aprendería cada línea. O casi. Pero como no tengo vocación de amanuense, dejo, a modo de muestra, unos cuantos botoncitos:

"Hemos de merecer el respeto de los que nos ven cada día" (y esto nos viene que ni pintado a los profesionales de la televisión, por cierto).

"Tenemos un montón de posibilidades, pero es preciso vivir sin angustiarse: necesariamente quedan más cosas fuera que dentro".

"De nosotros no depende el viento, pero sí cómo utilizamos las velas. De nosotros no dependen las cartas que nos da la vida, pero sí cómo las jugamos. De nosotros no dependen algunas cosas que nos llegan, pero sí –siempre– cómo reaccionamos. Nuestro talento es saber qué hacemos con el viento que nos ha sido dado".

Y todo esto, con el valor de los libros como leit motiv de buena parte del discurso de Jordi. Porque los libros enseñan a vivir. Enseñan a sentir. Enseñan a madurar. Enseñan, incluso, a querer. Porque, como dice Nadal, "son tesoros". Y los tesoros hay que compartirlos. No se pueden quedar en uno mismo. Tienen que hacerse grandes.

Por eso Jordi no sólo es escritor, sino también editor. Porque cada libro tiene dentro un tesoro. Y sacarlo a la luz del día, reluciente, brillante, es un ejercicio de responsabilidad. Y de humanidad. Es acercarse –y acercarnos– al paraíso.

viernes, septiembre 04, 2009

Citas ajenas

Tengo abandonado el buen hábito de la lectura. Leo a sobresaltos, a golpe de titular, a compás de ratón, a ritmo de click, pero paso pocas páginas. Y así me va.

Hoy, que el calendario me recuerda que hay que pasar página con más determinación que nunca, vuelvo sobre las letras para recrearme en algunas de las citas que quiero conservar de mi última lectura, Cuentos de amor (VV. AA., Ed. Páginas de espuma, Madrid, 2008):

No llegamos nunca a presenciar el desenlace, pero no se trataba de eso, lo importante era que se inflamaba de pronto lo inesperado sobre el vapor de lo cotidiano, y todo lo que de ordinario era oscuro quedaba iluminado, porque lo más grave de la monotonía es que produce la ceguedad que, aunque estemos en la misma luz, no vemos, y no creo exagerado decir que sólo a la luz de esos intermitentes chispazos se puede comprender el mundo. ("Eros bifronte", Rosa Chacel).

Se ha acabado. El amor se acaba. Y acaba así, quietamente.
("Felicidad", Mercé Rodoreda).


Esta es la historia de un encuentro. Un encuentro necesario en el momento justo. Sugiere que la vida se las arregla para sorprender a los mortales con regalos inesperados.

Se piensa entonces que no es casualidad, sino el reflejo de la inteligente armonía del universo. Los enamorados lo han sabido siempre, al margen de la moda filosófica de su época. ("¿Te gusta Brahms?", Linda Berrón).

Los sucesos pueden leerse de tantos modos como la gente quiera porque la realidad es complaciente con el fantasioso intelecto de los mortales. ("¿Te gusta Brahms?", Linda Berrón).

Cancelada quedó la época en que fingía deseo para obtener amor, mientras él fingía amor para obtener sexo. Un espantoso malentenido. Por eso el fracaso llegó pronto, inevitable. ("¿Te gusta Brahms?", Linda Berrón).

P. D.: Menchu, Verónica, GRACIAS. Por el libro y, sobre todo, por vuestra amistad. Os echo de menos.