sábado, abril 21, 2012

Ser de Manzanares

Manzanares hijo saca a su padre por la Puerta del Príncipe en su despedida.
Foto: Javier Arroyo.

Mi primer torero fue Manzanares. Lo decía a voz en grito cuando me preguntaban los clientes en el bareto de mi padre:

-Noelia, ¿quién es tu torero?
-¡Manzanares!

Y luego dicen que decía que era un golfo, pero que me gustaba (masoca que es una). Y supongo que lo de "golfo" se lo oiría decir a mi padre, que le endosaba el apelativo a todo aquel que tiene condiciones y las explota cuando le sale de los mismísimos. A los artistas, vamos.


De Manzanares padre era mi padre y yo lo fui un poco por eso. De Manzanares hijo podría ser casi cualquiera que tuviera un mínimo de buen gusto. Torea bonito, destila elegancia, le sobra empaque, nada en glamour. Hace levitar hasta a las piedras encaladas. Y encima no bufa cuando se le echan encima los admiradores. Cuánto bueno en uno solo.


Algún defecto tiene que tener. Aunque solo sea uno. Lucas Pérez insiste en que no. Que ha escudriñado cada arista de Manzana hijo para su libro Manzanares, heredero de leyenda (Ed. La Esfera de los Libros) y que el tío anda más cerca de la utopía que de la mortal imperfección. Y yo, que creo a Lucas (por algo lleva nombre de evangelista, el más culto y "periodístico", por cierto, de los cuatro, que dicen construyó su relato después de una intensa investigación), corro a sumergirme entre sus páginas procurando no caer rendida a los pies del ídolo, que Dios solo hay uno.


Lucas no ha podido publicar este libro en mejor momento: Josemarimanzanareshijo está en ese estado de gracia en que todo lo ve y todos le ven. O mejor, le miran. Y él, que se crece en la mirada ajena, aprovecha la ocasión para dar un golpe sobre la mesa en cada feria en que se anuncia. Con mano férrea y muleta de seda. Como ayer en Sevilla.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero lo de Manzanares II, más que una secuela, es la evolución del concepto original. Y hasta con sonrisa.

[Escucha la entrevista a Lucas Pérez en Onda Cero Sierra sobre Manzanares, heredero de leyenda].

domingo, abril 08, 2012

Belmonte

Hoy se cumplen 50 años del adiós de un genio. De Belmonte no hay mucho que decir que no dijese él en el ruedo y que no contase después Chaves Nogales en una de sus obras más conocidas: Juan Belmonte, matador de toros.


La puerta de la gloria se ha quedado para siempre en sus entrañas.

Estatua homenaje a Belmonte en el Altozano.
Foto: Javier Arroyo.


Que no se entierre la dignidad

Homenajes a Dimitri Christoulas junto al árbol donde se suicidó.
Foto: Reuters.

Ovación cerrada y gritos de "No es un suicidio, es un asesinato" para despedir a Dimitri Christoulas, el jubilado que se quitaba la vida esta semana frente al parlamento griego.

Más de mil personas asisten a su despedida, que tiene que celebrarse en la calle porque la iglesia griega no permite funerales religiosos para los suicidas.

Gritan "Pan, educación, libertad". Gritan "No les votéis, la única salida es una nueva revolución". Porque esta ceremonia ha traspasado las barreras del luto para convertirse, como el propio Dimitri, en un símbolo de la lucha contra la dictadura económica.

Su hija Emi deja claro que el tiro de su padre no fue producto de  un arrebato: "Encontraste inaceptable la bestialidad del capitalismo, que se infiltró en nuestras vidas sin que nadie lo frenase. Entonces tomaste tu decisión: convertirte en el temor, la muerte, la memoria, el dolor de nuestras vidas arruinadas".

La llama está prendida. Arde en las palabras de Leonidas Papadopoulos, portavoz del movimiento No voy a pagar: "Amigo Dimitri: hemos recibido tu mensaje. ¡Todo el mundo a las calles, a luchar contra los tiranos!".

Porque nadie quiere que con Dimitri se entierre la dignidad de un pueblo.

[Ver el vídeo en laSexta Noticias].

miércoles, abril 04, 2012

Intocable

"La silla de ruedas se lleva en el culo, no en la cabeza". Me lo dijo hace un par de años Antxon Arza y hoy me lo ha confirmado Intocable, una joyita del cine francés que, lejos del estereotipo intelectualoide que se achaca a este binomio, se revela como una historia profundamente humana, conmovedora e inspiradora a partes iguales.

Intocable rezuma ganas de vivir. Pasión por exprimir cada minuto. Orgullo de uno mismo. Capacidad de superación. Amistad y nobleza. Aceptación, que no resignación.

La cinta de Eric Toledano y Olivier Nakache combina varios ingredientes que sueltos no dejan de ser tópicos pero mezclados, y quizá agitados, se convierten en un removedor de corazones (y puede que de alguna que otra conciencia): el tetraplégico que no soporta ser objeto de lástima, el negro delincuente salido de los suburbios, la familia desestructurada, el dinero que no puede comprar la felicidad, el amor platónico, el amor adolescente, el respeto por el otro, la integración, la cultura compartida, el currículo perfecto que no implica capacitación humana, el conformismo, la amistad entre (des)iguales, el negro y pobre, en fin, que inyecta ganas de vivir al blanco y rico.

Intocable nace de un libro que, a su vez, surge de la historia real de Philippe Pozzo di Borgo, que plasmó su relación de diez años con Abdel Sellou en Le second souffle (Ed. Bayard). El libro supera ya los doscientos mil ejemplares vendidos. La película es la segunda más vista en Francia en los últimos sesenta años, con más de veinte millones de entradas despachadas, a las que hay que sumar otros seis millones de espectadores en Alemania.

¿Moralina? No. Simplemente la vida. Y la confianza en el hombre. Porque a veces somos algo más que lobos.



P.D.: Intocable, de Philippe Pozzo di Borgo, está editado en español por Anagrama.

martes, abril 03, 2012

De sombras y oro

Joselito, por Javier Arroyo
Como si sacase unos ajos con los que espantar a los vampiros que trataron de chuparle la sangre en un pasado no muy lejano. Así ha escrito José Miguel Arroyo sus memorias, que publica Espasa bajo el título Joselito el verdadero. Porque los vampiros muchas veces se llevan dentro y en ocasiones son los propios pensamientos, los recuerdos que duelen, los dolores que no se fueron, la rabia, la impotencia, la amargura. Y la mejor medicina es escupir la hiel para empezar a saborear los postres de una vida cuyos primeros platos José se comió a bocados.

Trescientas tres páginas de Joselito en estado puro. De José "el Moreno", macarra y cheli. De Lentejita, chuleta y mangui. De Joselito, en fin, figura y señor. Verdad y grandeza. Eso es lo que aguarda en este libro, que más que leer se bebe porque tras cada letra suena la voz del hombre que se salvó por hacerse torero. Es Joselito quien habla, quien cuenta que "se puede salir de las situaciones más desesperadas si se encuentran la ilusión o la ambición suficientes para no dejarse llevar, para rebelarse contra el destino y luchar, aunque se sea apenas un niño, por tirar para adelante" (p. 11).

Ese destino es, en el caso de Joselito, el de una familia de las que hoy llaman desestructurada, con una madre que lo abandonó cuando él solo tenía tres años y un padre que traficaba con hachís y al que alguna vez tuvo que ir a ver a la cárcel. Un destino que escocía expuesto al aire canalla de un barrio, el de La Guindalera, donde la droga era cosa común y los camellos, los reyes del mambo, ídolos de los chavales.

Pero resulta que un día a Joselito se le cruzó el toreo en el camino y le cambió la vida. Él, que durante tanto tiempo se había pasado las tardes jugando a las chapas en los tendidos de Las Ventas, se quedó prendado del arrojo de un Juan Mora que, aún de novillero, se repuso de una voltereta con la raza y el arte que solo tienen los que tienen torería de verdad. Y solo entonces empezó a coger los trapos de cocina para torear en casa. Y también entonces se empeñó en apuntarse en la Escuela Taurina de Madrid, donde el Yiyo, su ídolo, le puso el apodo de "Lentejita" y donde aprendió que "para ser torero, para competir, no te puedes despistar ni un minuto. Y que no hay amigos que valgan. Cada uno a lo suyo y poniendo el alma para conseguirlo" (p. 85).

Joselito antes de hacer el paseíllo en el festival homenaje a Rafael de Paula en Las Ventas.
Foto: Javier Arroyo

A partir de aquí, la vida de Joselito es historia del toreo. Entre otras cosas, por su concepto de la profesión: "Ser torero es algo mucho más serio de lo que la gente se imagina. No es solo pegar pases y cortar orejas, sino una forma de comportarse y de actuar en la plaza y en la vida, como un sacerdocio que encierra mucha hombría, y no en el sentido machista de la palabra. Hay que tener toneladas de entereza, gallardía y capacidad de sacrificio y superación. El torero ha de compaginar la sensibilidad de un artista para expresarse y el valor de un guerrero para superar el dolor y el miedo. Hay que poder conjugar ambas caras del toreo, que no es algo de gatas sino de tigres" (p. 147).

Y de tigres es, de algún modo, sobreponerse al destino, coger las sombras por los cuernos y hacer de la ilusión los trastos con los que firmar la faena más difícil: la de ser quien se es.

[Publicado en Diariocrítico.com]

lunes, abril 02, 2012

Diez leyendas españolas a bordo del barco que desafió a los hados

Cuando la realidad supera a la ficción, los sucesos se convierten en leyenda. Es el caso del Titanic, el barco que de insumergible solo tuvo el halo de misterio que le ha rodeado desde que comenzó a gestarse. Eso y la cantidad de dinero que se ha hecho a su costa (o por su causa): entre libros, películas, exposiciones y demás herramientas de entretenimiento no hay año en estos últimos cien que no se haya hablado del que en su día fue el mayor objeto móvil del mundo.

Ahora un nuevo libro se suma a la leyenda: Los diez del Titanic (LID Editorial), escrito por los periodistas Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero. Y el enfoque que plantea es especialmente original, pues a la historia general del barco en sí, ampliamente documentada, suma las historias particulares de las diez personas españolas que iban a bordo de ese "buque de los sueños".

Nunca hasta ahora hemos sabido que los españoles, pese a ser de los menos representados en el Titanic, doblamos la estadística de supervivientes respecto al conjunto de los pasajeros y tripulantes: de los diez españoles solo murieron tres, frente al 67% de mortalidad que registró el barco completo.


El primero, Víctor Peñasco, protagonista de una historia de película que por ser tan real merece una novela aparte. De viaje de novios con su reciente y flamante esposa, María Josefa Pérez de Soto, pasean palmito (y dinero) por toda Europa durante más de un año. En París, ya en la última etapa de su luna de miel, ven los folletos que anunciaban el viaje titánico hacia Nueva York y, a pesar de que la madre del novio les había rogado que bajo ningún concepto cogieran un barco, deciden culminar su viaje nupcial a bordo del buque. Quién iba a decirles que ese presagio materno iba a convertirse en la sentencia de muerte de su historia de amor.

Junto a ellos viajaba Fermina Oliva, su doncella, que se salvó junto a Josefa, igual que Asunción y Florentina Durán y Encarnación Reynaldo, las otras tres españolas que se registraron entre el pasaje. De los hombres, solo tuvieron la misma suerte Juan Padrós y Emilio Pallás, cuyo particular idilio con los hados merece la pena descubrir en las páginas de Los diez del Titanic.

Nunca apareció el cadáver de Víctor, como tampoco dieron con los cuerpos de Juan Monrós (el único tripulante español del Titanic) y Servando Oviés, un hombre de negocios asturiano. Sin embargo, hubo que conseguir sus certificados de defunción a toda costa, porque sin ellos era imposible atestiguar una viudedad o cobrar seguros.

Estos y otros muchos detalles se desvelan en Los diez del Titanic, una obra que combina el intenso trabajo de documentación e investigación periodística con la narración amena y ágil de diez historias tan desconocidas como cautivadoras.

[Publicado en Diariocrítico.com]


jueves, marzo 01, 2012

La crisis de los treinta

Doodle que dedica hoy Google a la Biblioteca Nacional de España


Hoy que la Biblioteca Nacional cumple trescientos añitos (menudos pulmones hay que tener para apagar el fuego de tanta vela) me viene al pelo escribir de la novela homónima de Mario Crespo, que tanto eco está teniendo en el mundillo literario.

Ayuna como ando de vocación de jardinera, paso por encima de la reseña para apuntarme a la modalidad más cómoda de la cita. En la Moleskine he anotado algunas líneas de la tercera novela de Crespo, en la cualquier treintañero podría sentirse retratado por ese aire decadente y sin demasiadas esperanzas que envuelve el mundo laboral del protagonista, Pablo Villa: mileurista desahuciado del universo de las nóminas decentes, combate "la niebla" que pesa en la atmósfera de la biblioteca buscando una fuente de energía con la que hacer un corte de mangas a la mediocridad.


Villa anda en la crisis de los treinta, a saber:

«Es la crisis de los cuarenta, que ahora nos llega a los treinta. Cuando terminas tu preparación, cuando dejas de estudiar y te incorporas al mundo laboral, es cuando te das cuenta de la mierda de vida que nos ofrece la sociedad. Una vida colmada de exigencias que no podemos cumplir».

Mario Crespo, Biblioteca Nacional, Ed. Eutelequia, Madrid 2012 (p. 41)

miércoles, febrero 29, 2012

Un día de regalo

Diez días sin escribir en un blog que pretende ser cuasi-diario es una vergüenza. Y la falta de tiempo no es excusa. Se supone que el que quiere ser escritor escribe. Aunque sean dos líneas.

Pero he decidido no fustigarme. Entre otras cosas, porque durante estos diez días han sucedido cosas demasiado interesantes como para reprocharme que hayan tirado de la agenda el tecleo bloguero.

Primero, he descubierto en primera persona el valor del amor propio. Lo que tira de la vida la fuerza de voluntad. El coraje. La capacidad de cambiar el mundo que tienen los que creen en sí mismos, los que persiguen una meta y no paran hasta que la cruzan triunfantes. No puedo adelantar mucho más: el domingo 4 de marzo podréis verlo vosotros mismos en laSexta Noticias.

También he tenido la suerte de conocer a una mujer de esas que uno ve en los informativos, en los periódicos, de las que todo el mundo habla, de las que recogen premios que reconocen su labor social. Una candidata a Premio Nobel de la Paz. Una mujer que con "Ser Paz" ha conseguido transformar las ciudades sin ley de las pandillas en "Barrios de Paz". Se llama Nelsa Curbelo y transmite serenidad con la mirada. Y fuerza. Porque no va por ahí de perdonavidas, y mucho menos de meapilas. Es una mujer de armas tomar, de las que coge el toro por los cuernos y se cruza al pitón contrario para jugarse la vida (literalmente) con la única esperanza de defender la dignidad. Plataforma Editorial ha hecho que se cruce en mi camino y estoy segura de que esto significa mucho más que una conversación grabada en el iPhone, unas notas en la Moleskine y varias confesiones dormidas al arrullo de una buena comida.

Con Quim, en la charla sobre redes sociales y discapacidad que pronunció en la Fundación ONCE.


Y después ha llegado Quim, un chaval con síndrome de Down que ha decidido convertir su discapacidad en un acicate para hacerse aún más grande de lo que es y para, después, engrandecer a todo el que quiera seguir su ejemplo. "Soy un crack", dice, y al oírlo pienso que no hay otra manera de ir derecho por la vida que creer que uno merece llegar donde se ha propuesto. Que nadie es quien para podar los sueños ajenos.

Quim, a quien conocí en la Fundación ONCE gracias a Nuria Coronado y Juan Merodio, tiene un blog, El món del Quim, que en unos cuatro meses acumula ya más de 50.000 visitas y que se ha convertido en una ventana por la que respirar el aire fresco del que no se resigna a dejar de convertir el futuro perfecto en presente continuo.

Hoy una charla con Pilar ha hecho que me haya propuesto ver la vida de otra manera. Al fin y al cabo hoy, 29 de febrero, es un día de regalo, una oportunidad que solo llega cada cuatro años, y en la que toca plantearse si estamos dispuestos a luchar para que el próximo 29 de febrero sea algo más parecido a lo que hemos soñado.

Mi respuesta es sí.

P.D.: Hoy, 29 de febrero, ha nacido María. Hoy hay muchos más motivos para sonreír. Será una niña muy especial. De momento, es la primera que viene a dos presentaciones de mis libros antes de nacer. Enhorabuena, Bea y Moi. Con unos padres como vosotros no me cabe duda de que María será canela.

P.P.D.: En estos diez días también ha cumplido años la persona que se ha convertido en indispensable para mí, el hombre que mejor me ha entendido, quien descifra mis silencios y no quiere ir más allá de mis palabras. Para él va este regalo en forma de canción.



P.P.D.: Y además me han dado el primer premio que reconoce mi labor profesional en el periodismo taurino. Gracias, Navas del Rey.

domingo, febrero 19, 2012

Cuando citar se convierte en lujo


Citar es una costumbre de alto riesgo. Primero, tienes que encontrar una buena cita. Segundo, has de atribuirla correctamente. Y si lo primero, según el tema, es una búsqueda cansina para no darte con las frasecitas tópicas de siempre, lo segundo se convierte en una tortura cuando lo que encuentras con las típicas palabras apócrifas que circulan por la Red y que unas veces las ha pronunciado Shakespeare y otras Machado, según el color del cristal de las gafas de quien las copió.

Sin embargo, hay personajes con los que nunca se falla. Hombres y mujeres con boquita de piñón que convierten en objeto de deseo "citatorio" cada una de las frases que pronuncian. Y ese es el caso de Nelson Mandela.

Jordi Nadal, editor de Plataforma Editorial, lo sabe, y por eso ha tenido el olfato de hacerse con su único libro de citas autorizado, que ha titulado Nelson Mandela por sí mismo y que con una edición exquisita nos ofrece quinientas páginas de Mandela en estado puro: más de 2.000 citas extraídas de sesenta años de documentos privados, correspondencia, grabaciones sonoras, discursos o, cómo no, los libros publicados por Mandela.

Nada se le escapa al líder sudafricano (¿o sería mejor decir "líder mundial"?), a quien no solo se puede citar en su archiconocida faceta de pacifista, sino también en temas como el servicio público ("Tanto si cambias las sábanas como si suturas heridas, preparas la comida o dispensas medicamentos, está en tus manos ayudar a construir un servicio público digno de todos aquellos que dan sus vidas por el sueño de la democracia", pág. 459), el sida ("Aprende sobre el sexo antes de practicarlo; aprende sobre el sexo seguro. Es mejor esperar y crecer un poco más antes de tener sexo. Cuando lo hagas piensa en ti mismo y en los demás a los que quieres. Usa un preservativo", pág. 463) o el liderazgo ("No hay nada peor que un líder haciendo una demanda que tú sabes que nunca conseguirá", pág. 267).

Está claro que los veintiocho años que pasó entre rejas marcaron su vida y también su pluma y por eso las citas sobre la prisión ocupan buena parte de las páginas de este libro, pero en ningún caso se esconden bajo esas líneas el rencor ni la amargura, sino la necesidad vital de luchar por la libertad propia y colectiva.

Y como a una le tira la tecla, me quedo con esta cita sobre la escritura: "Escribir es una profesión prestigiosa que le pone a uno en el centro del mundo, pero para mantenerse arriba del todo uno tiene que trabajar realmente duro, con el objetivo de hallar un tema bueno y original, la simplicidad en la expresión y el uso de las palabras precisas" (pág. 182).

[Publicado en Diariocrítico]

sábado, febrero 18, 2012

Una de nostalgia (Enrique Sierra, in memoriam)

Era verano y daban igual los P.A. que escupieran las notas: de los deberes no me salvaba ni Dios. Me remangaba después de comer, con toda la galbana. Mi padre roncaba y mi madre fregaba los platos. Yo pensaba en no sé qué, pero sin descuidarme mucho: si la mala letra invadía el cuaderno, la señora C. borraba la página del día y había que volver a escribir. Y aquello era un drama: me perdía Tocata.

Cuando la audiencia era una anécdota y el mando a distancia una quimera, la tele española (o sea, VHF para "la primera" y UHF para "la segunda"; en el dos se acababa de contar) tenía programas que hacían historia, en los que no había ratitas chillonas dando pelos y señales de sus vaivenes vaginales ni vídeos de Youtube haciendo las veces de "producción propia". Y Tocata era uno de ellos.

Supongo que fue en este espacio donde empecé a escuchar a Radio Futura. O a Tino Casal. O incluso a Olé Olé (el de Vicky Larraz, que también hubo vida antes de Marta Sánchez). Y puede que también a Los Secretos.

Y hoy que los informativos cierran con la muerte de Enrique Sierra (a la sazón, guitarra de Radio Futura y "culpable" del cambio de rumbo del rock español en la Movida) me doy cuenta de que me estoy haciendo vieja. Que buena parte de la gente que me rodea en el curro nunca ha oído hablar de Tocata ni de Objetivo Birmania y que la única Kaka de Luxe que conocen es un programa llamado... bueno, mejor no nombrarlo, no vaya a ser que me toque mandar un CV.


 

martes, febrero 14, 2012

Amor sin tickets regalo

Hubo un tiempo en que el Día de San Valentín era un cachondeo y si te presentabas, aunque fuera por casualidad, con una prenda roja en clase eras objeto de escarnio de todos tus compañeros. Pasados los años (y los cursos), la que tenía un apaño con el que morrearse al salir de clase hacía gala, orgullosa, de su condición, y se exhibía con camisetas rojas, bien escotadas, para demostrar que tenía un pecho donde no cabía ni siquiera el corazón. Cosas de las hormonas, caprichosas, las cabronas.

Pasados los primeros escarceos con el amorcito lúdico, llegan los rollos, que también repelen la cuestión sanvalentínica, y más tarde, ya sí, las relaciones naranjiles en toda regla, las de rosas, bombones y cenas con velas cada catorce de febrero.

Si tienes pareja y no lo celebras, eres un paria del sistema, donde el amor (o sus efectos) tiene horario y fecha en el calendario. Y canciones moñas para ponerle ojitos al de enfrente. Y platos afrodisiacos para evitar quedarte dormida después de la cena. Y, si se descuidan, hasta aspirinas en forma de corazón por si se te ocurre calzarte un dolor de cabeza.

Y lo cierto es que tanto rojo, tanta flor, tanto beso y tanto corazón recortado en cartulina le ponen a una la cabeza como un bombo. Empacha el cariño para llevar, las caricias por encargo, los besos en la agenda y los polvos con ínfulas de amor encarnado en dos cuerpos con la suerte de tener las hormonas a tono.

A una le pone más la cena por sorpresa, la flor en un día cualquiera (y a ser posible, sin ser roja), el beso cada mañana, la sonrisa por sistema. El Amor, sí, con mayúsculas y sin tickets regalo.

[Publicado en Madrid2noticias].

"Enamoraté" con "Los hombres de mi almohada"



Hincharse a hacer horas extras para librar un sábado tiene su recompensa: tienes tu momento Umbral (vas a hablar de tu libro) y conoces a gente muy interesante... ¡¡que hasta te ha leído!! Y si además cuentas como colaboradores con personas cinco estrellas como Nuria Coronado (la voy a fichar de manager... cuando viva de la tecla, claro), Mario (el boss de Saboreatéycafé) o Pilar (el alma de Nuevo Espacio Ítaca, con permiso de Nacho), vuelves a casa con un buen chute de energía.

Primera parada: Saboreatéycafé de Zurbano 56. Con una degustación té afrodisiaco (gratuita, como mandan los cánones de la crisis), el señor Juanjo Ramírez y esta servidora nos dimos a la descuartización de Los hombres de mi almohada, muy bien acompañados de un ejército de lectoras y algún que otro lector, todos ellos capitaneados por Marta Checa, la organizadora de los talleres literarios de Saboreatéycafé.

Entre los que me acompañaron, mi querida madre (qué bien que no se escandalice con mis historias de almohada... y colchón), mi amiga Lorena (¡al fin podemos coincidir!), Francisca, la directora de la revista Paideia, y Carolina, la autora del divertido blog Flying Paranoias (que ha tenido el detallazo de escribir esta reseña del acto).


Después, comida en Zamburiña (qué bien nos trata Eva siempre) y en ruta hacia Alcorcón, donde descubrí una tienda de decoración que va más allá del concepto de florero: Pilar y Nacho han abierto en Ítaca Concept un espacio para el bienestar personal, donde organizan sesiones de coaching, cursos de automaquillaje, talleres para niños... y, desde ahora, también presentaciones de libros. Allí me sumergí tanto en el papel... ¡que me dijeron que más que a dar noticias debería dedicarme a interpretar monólogos!

En esta ocasión me acompañó Mario Crespo, compi de Eutelequia. Hicimos intercambio de libros: él se marchó en compañía de mis hombres y yo me llevé bajo el brazo su Biblioteca Nacional, a la que ya estoy deseando hincar el diente... ¡y de la que tengo la suerte de ser socia!




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