jueves, enero 26, 2012
A San Francisco rogando y con la tecla dando
Más de una vez me han preguntado cómo me emperré en ser periodista. A estas alturas, si lo supe no me acuerdo. Mi primo Iván dice que me dio la ventolera después de ver Me gustan los líos, la peli en la que Julia Roberts hace de plumilla novata, valiente y machacona, frente a un aguerrido Nick Nolte, al que, por supuesto, logra llevarse al catre. La verdad es que me habría gustado más parecerme a Michelle Pfeiffer en Íntimo y personal: al menos Robert Redford resulta más atractivo para mis hormonas.
El caso es que jamás he cubierto un choque de trenes como la Roberts, ni por supuesto he presentado un programa de máxima audiencia como la Pfeiffer: me faltan tetas y me sobran kilos. Y algún que otro escrúpulo. Porque ahora si no estás buena no eres nadie. Y si pasas de los treinta, date por jodida: las chavalitas de veintitantos tienen menos pedigrí pero dan mejor en cámara.
De la prensa escrita, mejor ni hablamos: en muchos casos, a lo más que puedes aspirar es a echar el cierre de la redacción y a vivir, ERE que ERE, de teletipos y notas de prensa, porque salir a cubrir una noticia es un lujo del que muchos mandamases han decidido prescindir para ahorrarse unos cuantos euros en taxis.
De la radio, qué quieren que les diga, tengo una visión tan romántica que prefiero no ponerme a pensar para no chafarme mi propia utopía.
He tenido que escuchar de manera machacona eso de que los periodistas somos la encarnación humana del buitre y durante años me he obstinado en combatirla, en defender lo que yo creía una vocación sagrada: contar la verdad. Pero me he dado cuenta de que no hay por dónde cogernos: nos gusta hacer leña del árbol caído y, sobre todo, tirar el árbol sin antes haber comprobado si la raíz está podrida (lo de «No dejes que la realidad te estropee una buena noticia», más que una leyenda urbana, es el sancta sanctorum de algunas redacciones).
Trabajamos por ínfimos sueldos (lo último, según la Asociación de la Prensa de Madrid, es que algunos llegan a pagar por trabajar. Hombre, tan nuevo no es: más de uno ha sido becario gratis y ni siquiera le han pagado el Abono Transportes... ¿eso no equivale a ser puta y poner la cama?). Y, no contentos con eso, cuando logramos llegar a la poltrona universitaria, recomendamos a nuestros alumnos que se dejen créditos por aprobar (o sea, que no se licencien todavía, que no se licencien, por favor) para que puedan seguir siendo becarios por los siglos de los siglos amén. Y ellos, en vez de poner la correspondiente queja porque el deber de un profesor es fomentar el estudio y no combatirlo, van y obedecen como corderos. No saben que están cavando su propia tumba. Y, de paso, nos entierran un poquito más a los demás.
Ah, si quieren saber por qué me hice periodista, pregúntenle a San Francisco, nuestro querido patrón, a quien el 24 de enero rogamos con la tecla dando. Ni lo sé ni quiero saberlo. Y de paso, pídanle que me ayude a encontrar el tornillo que se me debió de caer el día que me matriculé en Periodismo.
[Publicado en Madrid2Noticias]
domingo, enero 22, 2012
Libros para bebérselos
Advertencia: no abran ninguno de los libros de los que voy a hablarles si tienen hambre o sed. Van a sufrir. Porque sus páginas son un auténtico festín de buenos platos y ricos caldos y la gula se desata cuando ves comer y beber al de al lado y tú no puedes catar ni gloria.
Dicho esto, prosigo: hay libros que son para bebérselos. Y ahora que el vino de Rioja está tan de moda que crece hasta en crisis ("¿Crisis? ¿Qué crisis?", se preguntan allí los bodegueros) algunas bodegas apuestan por ir más allá de la barrica y trasladan al papel la exquisita experiencia de echarse al paladar un buen vino. No hablo de libros sobre los mejores vinos, las añadas más resultonas o las bodegas con más pedigrí: hablo de volúmenes que integran el vino en la narración y lo subliman.
Como Una copa para dos. Relatos de mujer y vino, una colección de siete narraciones cortas que editan la Fundación Dinastía Vivanco y la editorial Everest. Coordinados por Espido Freire, en sus páginas se deleitan con el elixir de la uva autores de la talla de Lorenzo Silva, Juan Manuel de Prada, Rosa Regás, Juan Cruz, Vetle Lid Larssen, Boris Izaguirre o la propia Espido. Un auténtico homenaje a aquellas mujeres que de uno u otro modo han roto moldes y han hecho del vino un estilo de vida, bien como bodegueras, bien como catadoras de pedigrí (incluso en privado). La edición, magnífica, incluye ilustraciones y fotografías vintage del todo deliciosas.
Dinastía Vivanco se suma así a una tendencia literario-vinícola que abrió Ontañón con Santísima Trinidad: flamenco, toros, vino, un valioso volumen en el que el periodista Pablo García-Mancha hace, sin quererlo, erudición (no pedante) sobre sus tres pasiones, tres universos místicos del que él sabe como pocos y que tienen un claro punto de unión: "El vino bueno sale de la tierra, como el cante del corazón, como el toreo brota de la yema de los dedos", nos explica García-Mancha en la introducción.
La historia del vino desde la Grecia antigua hasta la actualidad o cómo personajes de la talla de Francisco Umbral vivieron la experiencia de una buena copa de Rioja ("Beber vino es un acto de hedonismo por principio", confesaba en una entrevista a Pablo García-Mancha) son algunas de las perlas del extenso e intenso capítulo dedicado a la cuestión vinícola en un libro que se ha convertido en imprescindible para todo aquel que quiera saber, siquiera un poco, de esa Santísima Trinidad inescrutable, que apenas se atisba con los ojos encriptados de un corazón abierto en dos.
Publicado en Diariocrítico.
De espaldas a la afición
Cuando un artista se pone chulo con su público pueden haberle sucedido dos cosas: o ha perdido la cabeza o no le ha regido bien nunca. Aparte de por amor al arte, escritores, pintores, actores, directores de cine o teatro... toreros, qué sé yo... avanzan en sus respectivas profesiones porque existe un público que les respalda. Más que ser graciosos, han caído en gracia y precisamente por eso publican, exponen, estrenan... torean.
Pero hay algunos que se ven asaltados en sueños por la absurda tentación de pensar que todo lo que son lo han alcanzado por el argumento L'Oréal ("porque yo lo valgo") y un día, al despertar, se permiten el lujo de hacer un corte de mangas al que paga por su "arte".
Algo así sucedió ayer con Miguel Ángel Perera, torero galardonado con el Trofeo José Cubero Yiyo de la Peña El Rescoldo al triunfador de la feria de Colmenar Viejo (Madrid). Por primera vez en veintiséis años de historia, el premiado le dio la espalda al premio. Y ni es un premio cualquiera ni lo entrega una peña de chichinabo: los "rescoldistas", como ayer los llamaba su presidente, Máximo Pérez, son de los aficionados más respetuosos, elegantes y cabales, y Máximo, uno de los escasos directivos peñistas que se molesta en hacer cientos de kilómetros para ir a ver al torero donde este le cite y entregarle en mano el acta del jurado que le nombra ganador.
viernes, enero 20, 2012
Cocina fusión, pero con contundencia
Cuando me hablaron de la existencia de croquetas de lacón con grelos pensé que era una boutade más del chef gracioso de turno. Algo así de ocurrente como el helado de chorizo o el polo de fabada. Pero cuando las bolitas en cuestión aparecieron ante mis ojos me entraron ganas de probarlas. Eran doradas y con una textura antónima del mazacote. De redondez muy lograda. Una esfera de gula que hizo alargar mi mano de manera instantánea para llevarme a la boca algo que prometía ser un nuevo manjar.
Lo fue. Un experimento de cocina fusión que, lejos de los parámetros minimalistas de la nouvelle cuisine, aúna innovación con contundencia digerible. Una entelequia convertida en sabor.
El lugar en cuestión se llama O Pazo de Lugo y está en Lavapiés, en pleno centro de Madrid, junto al museo Reina Sofía. Y si hoy lo recuerdo ha sido porque, por esas casualidades de la vida y del estómago, he pasado por la puerta y he pensado que no debo tardar mucho en reservar mesa para ir a cenar.
Pero como no solo de croquetas viven los glotones como yo y los hay que el lacón con grelos lo prefieren en la cazuela, ahí va una ristra de platos típicos gallegos que en este pequeño pazo madrileño cocinan con esmero, desde la empanada hasta el pulpo a feira, pasando por el lacón, las almejas, la merluza o ese chuletón de primera que se funde con la lengua en una especie de orgía salival.
El fin de semana es la excusa ideal para dejarse caer por allí, pero si preferís planes alternativos, no os perdáis sus catas: los jueves organizan menús especiales maridados con vinos de distintas bodegas. Y todo por 25 euros.
Y si lo que os gusta es tapear, O Pazo de Lugo es uno de los ocho locales madrileños en los que se pueden degustar las ganadoras del Concurso de La Tapa de Madrid La Viña: mejor Tapa de Madrid 2011, "Planeta Marte" (buñuelo relleno a base de huevo, jamón, hongos y salsa de piquillo, acompañado con un vino reducido), y la mejor Tapa de España 2011, "Buenas noticias de nuestra tierra", una elaboración cilíndrica con el aspecto del periódico de mayor tirada de Castilla y León, El Norte de Castilla, con la excepción de que el papel utilizado, incluso la goma que lo envuelve, es comestible. Si los periódicos no cuentan más que malas noticias, cómanselos. En el plato saben mejor.
jueves, enero 19, 2012
No más réflex en automático
Lo reconozco. Me gasté un pastón en una cámara réflex y estuve tirando en automático seis meses. Más o menos el tiempo que tardé en encontrar a Javier Arroyo y que me diera las nociones básicas para enfocar de manera manual y no seguir haciendo ejerciendo como pringada. Ahora no es que vaya por la vida ejerciendo de fotera, pero al menos doy fe de que hay vida más allá del autofocus.
Para quienes no tienen la suerte de contar con un maestro del objetivo en casa, Javier ha organizado un taller de fotografía taurina. Serán tres sesiones (viernes 10 de febrero, tarde, y sábado 11, mañana y tarde), en las que repasará los conceptos más importantes para que los aficionados a hacer fotos en los toros pasemos de sacar el churro a plasmar el muletazo.
La cita es en Tipos Infames (c/ San Joaquín, 3 - Madrid), el precio es de 100 euros y hay que darse prisa porque las plazas son limitadas.
Cumple-entrevista en Paperblog
Paperblog, una de las plataformas de blogs más conocidas en España, cumple su segundo aniversario y ha decidido celebrarlo con los bloggers, los que con nuestros post construimos día a día su web. Un gesto que les honra y que demuestra que solos no somos nada. Sobre todo en la Red.
Natalia, la responsable de comunicación de Paperblog, me propuso entrevistarme con motivo de este segundo cumple y yo, aunque considero que no soy ni de lejos la bloguera más representativa de su plataforma, accedí encantada, por ese orgullo difícil de disimular cuando descubres que a alguien puede interesarle siquiera una de tus palabras.
Así que ahí van las preguntas con sus correspondientes respuestas.
¿Cuando hablamos de 'Devezencuandario ciclotímico' de quién y de qué estamos hablando?
Hablamos de la bitácora personal de una periodista aspirante a escritora que necesita darle a la tecla para expiar sus inquietudes y conjurar sus fantasmas.
miércoles, enero 18, 2012
En la calle no se mea
Los rollos de una noche están para no volver a llamarlos, pero él, borracho y caliente, decide saltarse el mandamiento y se presenta en su casa con la excusa de mear como un buen ciudadano.
A partir de aquí, una conversación. Miradas. Lágrimas. La moral. El amor con cuentagotas. El dolor intuido.
La ilusión de un chaval que siempre quiso hacer cine. Al que le sobra talento y le faltan apoyos. Sobre todo aquí. Por eso vive fuera.
martes, enero 17, 2012
"Los hombres de mi almohada", en Sevilla
Los hombres de mi almohada tienen nueva parada y fonda. El 31 de enero terminamos mes en Sevilla, en Fnac, acompañados por un escritor de los de quitarse el sombrero, por su manera de escribir y, sobre todo, por su manera de ser: Daniel Ruiz García.
Allí os espero a las 20 horas para charlar un rato sobre medias naranjas exprimidas, zumos agrios, almohadones con rímel corrido y noches de blanco satén.
domingo, enero 15, 2012
Nathalie Kuperman: "Sin la gente falta de escrúpulos los jefes no conseguirían sus fines"
| Nathalie Kuperman (Foto tomada de la web de La Esfera de los Libros) |
Hubo un tiempo en que éramos seres vivos, en que al respirar dejábamos algo más allá del vaho en la pantalla del ordenador. Un tiempo en que éramos más que cifras. Más que monigotes en la cola del paro. Ese tiempo en el que la selección natural del ser humano no dependía de lo pelota que pudieras llegar a ser con tu jefe quizá haya pasado a la historia. Puede que un ser vivo, en lo laboral, sea ahora algo más que un corazón que late o un par de pulmones que respiran.
Porque a punto estás de quedarte sin respiración cuando te aprietan el cinturón hasta el punto de ponértelo al cuello a modo de soga. Y ese sinvivir en que se convierte la supervivencia es lo que relata Nathalie Kuperman en Cuando éramos seres vivos (Ed. La Esfera de los Libros), la crónica de un despido anunciado en una gran empresa francesa que nos muestra cómo unos siguen viviendo y otros malviven entre los escombros de un día a día reptiliano en el que mañana siempre será peor que ayer.
-El título, Cuando éramos seres vivos, ¿se refiere a una época en la que los humanos no éramos marionetas de las empresas?
-El título va más allá de la situación de la empresa. Fue a partir de esta frase: "Y pensar que éramos seres vivos" cuando tuve ganas de escribir el libro. Mientras estaba en el metro, tuve la sensación de que la gente que me rodeaba no transmitía la alegría de vivir. Y me sorprendí al pensar que yo misma tampoco transmitía una imagen de felicidad. Tenía el título pero no la novela. El resto vino luego.
-Hay una figura curiosa en la narración, "el coro". ¿Hemos perdido el sentido de colectividad para convertirnos, simplemente, en masa?
-Es cierto que estamos convirtiéndonos en una sociedad cada vez más individualista, orquestada por aquellos que ostentan el poder, por el poder en general. El resultado es que estamos uno al lado del otro, pero solos, mientras que antes existía una manera de estar juntos. En mi libro, el coro es una especie de tentativa de encontrar ese colectivo. La tentativa fracasa, pero tengo la esperanza de que encontraremos un día la fuerza para unirnos en la lucha.
sábado, enero 14, 2012
Traficantes de la imagen
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| Foto: Javier Arroyo / De blanco y azabache. |
Comerciar con lo que no es tuyo es una forma de robar. Vendes algo de lo que te has apropiado, pero que no te pertenece. Y luego le dices al dueño que de los ingresos que generas le das lo que te viene en gana.
¿Se imaginan al mánager de la Pantoja negociando su próxima actuación en el Real y encontrándose con que el director del teatro le dice que canta tal día, que el concierto lo retransmite no sé qué cadena porque él ya se ha comprometido y que será él quien decida qué parte de lo que paga la tele le corresponde a la artista en concepto de derechos de imagen? La pedorreta sería tan sonora como las tonadillas y hasta los tilines findeañeros que la Pantoja se echa a los dientes.
Pues en el toreo eso existe. O mejor dicho, existía hasta que los del chispeante se han plantado y han dicho que en su imagen mandan ellos (una reivindicación tan evidente que, bien mirado, resulta surrealista).
Me alegro de que se hayan apretado los machos. Ya era año. La hora se cumplió cuando José Tomás, Joselito y Esplá se plantaron para que no les robasen lo que es suyo y el resto del escalafón les dejó con el culo al aire.
P.D.: ¿No era Simón Casas el que se ponía como ejemplo del respeto a los toreros? ¿El mismo que se comprometió con la Diputación de Valencia a que la Feria de Fallas sería retransmitida por televisión sin que los dueños de esa imagen televisable (o sea, los toreros) se hubieran pronunciado al respecto?
viernes, enero 13, 2012
Seis libros, seis, para 2012
Aviso para navegantes (del papel y de los bits): no soy ninguna gurú del mundillo. Lo digo porque en esto hay muchos que van de elevados y presumen de saberse al dedillo los catálogos habidos (y sobre todo por haber) de las cientos de editoriales que publican en España. Yo, qué quieren que les diga, aspiro a menos: con elegir un buen libro que llene (más) mis días, empachados de nada, me conformo.Entre las novedades que me apetece leer el año próximo está, en primer lugar, Diario de invierno, de Paul Auster (Ed. Anagrama), una especie de flashback prolongado en el tiempo sobre la propia vida del autor, que nos deja en este volumen algunas de las escenas que marcaron su vida, desde un accidente infantil mientras jugaba al béisbol hasta sus ataques de pánico o la primera experiencia sexual con una prostituta, pasando por la descripción de las veintiuna habitaciones en las que ha vivido a lo largo de su vida o el inevitable recuerdo de sus padres. Imposible no clasificar, pues, como autobiográfico, este nuevo título de quien medio universo literario considera poco menos que un tótem de la tecla.
Claro que a veces no basta con leer a un grande para hacerte grande tú. Me temo que el crecimiento por ósmosis aún no se ha inventado. Ni siquiera el pseudoaumento por imitación. Pero hay veces que leyendo las páginas adecuadas puedes aprender algún truco. Es lo que pretendo con Un arte espectral. Reflexiones sobre la escritura, el libro de Norman Mailer que BackList publicará también en breve. Si con esto no consigo el "Progresa Adecuadamente" prometo retirarme y dejarles tranquilos.
Puede que hasta me sorprenda a mí misma, pero no hasta el punto en que me ha sorprendido saber que Steve Martin (sí, sí, el actor... el cómico... el de las muecas raras que no llega a ser Jim Carrey pero que... en fin, eso). Resulta que escribe, y al parecer muy bien, y este año llega a España su novela Un objeto de belleza, editada por Mondadori. Es la tercera y solo por curiosidad merece la pena echarle un vistazo.Y como a veces el dolor ajeno es la mejor manera de curar el desgarro en carne propia no me resisto a hincarle el diente a El hijo (La Esfera de los Libros), la obra del director de ópera Michel Rostain con la que ganó el Goncourt 2011 a la mejor ópera prima. Un retrato duro sobre el duelo que provoca la pérdida de un hijo, basado en hechos reales.
Como buena aprendiz de cultureta, también me apunto en la lista del "debe" lo último de Enrique Vila-Matas, Aire de Dylan, y Claraboya, el libro perdido de José Saramago que el Nobel no quiso ver publicado en vida. Está claro que ser un genio es una jodienda: no te respetan ni muerto.
[Publicado en Diariocrítico].
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