miércoles, febrero 08, 2012

Lecturas para despechados con Cupido

Collage hecho sobre una imagen de www.fondosdeescritorio.org

Pasteles para enamorados, flores para enamorados, colonias para enamorados, vinos para enamorados, lencería para enamorados, discos para enamorados, libros para enamorados. Y si se descuidan, mierdas para enamorados, siempre que vayan envueltas con un lazo rojo y el correspondiente corazoncito grana.

Yo estoy enamorada, sí, pero esta fiebre medionaranjil previa al 14 de febrero me repatea. Por eso me parece divertida la propuesta de la editorial Eutelequia con sus "lecturas para despechados con Cupido".

Desde la editorial del caballito de mar nos proponen los siguientes libros "antivalentín":
  • ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis!, de Patxi Irurzun: Dick Grande, un barrendero heavy de Pamplona convertido accidentalmente en estrella internacional del porno, es un hombre que solo persigue desesperadamente el corazón de la mujer que le introdujo en el mundo del porno: la dulce y sucia Janis. Brutal y tierna, soez y poética, animal y, por ello, terriblemente humana, ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! se convierte, bajo la apariencia de una novela de género (erótico) en un pimpampum social que no deja títere con cabeza y un artefacto infalible para hacer reír a mandíbula batiente mientras una pantera resopla en nuestra entrepierna.
  • La enfermedad del lado izquierdo, de Esteban Gutiérrez Gómez: es la historia de un hombre que se rebela contra una vida cuadriculada y paralizante; contra las absurdas normas domésticas que anota su mujer en ese cuaderno (cuándo debe ducharse, cuándo hacer el amor...); contra un trabajo estresante y deshumanizado; en definitiva, contra una existencia que poco a poco enferma la parte del cuerpo en la que se aloja el corazón.
  • Sueños de bolsillo, de Francesco Spinoglio: es básicamente la historia de un mundo que todos conocemos bien, el de la esperanza y la desilusión con el que a diario los seres humanos tenemos que enfrentarnos. Es la historia universal de la lucha contra la inercia, entablada por idealistas capaces de arriesgarlo todo por un sueño que no ve nadie excepto ellos, tipos que nadan contracorriente, en todo, y también en el amor. 
  • Diario de un escritor delgado, de mi admirado Germán San Nicasio: es la historia de un hombre ingenuo y primitivo que unos días contempla la vida desde el optimismo más beligerante y otros desde el más profundo desaliento. Sobre unas cosas parece tener las ideas muy claras, sobre otras no tanto, pero su peculiar sentido de la realidad siempre le está empujando a dejar testimonio de todo. Cualquier incidente cotidiano, por insignificante que pueda parecer, le sirve como excusa para ejercitar el lenguaje achulado y en ocasiones barriobajero que le caracteriza, y mientras se cuenta a sí mismo sus andanzas y chismes íntimos (también desamorosos y sexuales), aprovecha para hacer una crítica, a pequeña escala, del mundo mediocre y ruin que le rodea, disparando en todas direcciones sin pensar en las consecuencias. De modo que al final, entre introspección y autoexamen, nuestro escritor delgado consigue enhebrar sus anotaciones para que el anecdotario del día a día acabe cobrando forma de memoria imaginada.
  • Y el libro de relatos de una servidora, Los hombres de mi almohada, una colección de cenutrios empeñados en exprimir no medias naranjas, sino corazones estrujados de mujeres que, dicho sea de paso, tienen que aprender a no dejarse chulear.
Y atentos, que Eutelequia nos propone un jueguecito: si buscas estos libros en las librerías madrileñas Rafael Alberti, Antonio Machado, Tipos Infames, La Central y La Buena Vida, puede que encuentres una sorpresa entre sus páginas: un naipe con el que ganarás no una partida, sino una botella de vino para degustar tu lectura.

¡Vamos, a leer!

martes, febrero 07, 2012

Falsas esperanzas


De niño vivió en la cárcel y no fue a la escuela, pero aprendió a leer como pudo y devoró miles de páginas hasta que se decidió a escribirlas. Claro que antes tuvo que trabajar en una fábrica de betún, en unas condiciones tan lamentables que jamás pudo lavar su cabeza de tanta mugre y convirtió esa explotación infame en protagonista de su obra.

Cuando logró salir de la fábrica se empleó como pasante, taquígrafo, reportero y cronista parlamentario. Intentó ser actor pero no era lo suyo. Y decidió volcarse en construir personajes mejor que en interpretarlos. Gran decisión, sin duda, porque ese andamiaje de personajes inolvidables, que van por la vida buscando la nobleza y atacados de ruindad, propia o ajena, convertiría a Charles Dickens en uno de los grandes literatos de todos los tiempos.

Una repasa los títulos de sus obras y se queda, por aquello de la metáfora, con Grandes esperanzas. Es la historia de Pip, un niño huérfano con un solo empeño en la vida: hacerse un hombre de bien. Para ello cuenta con un benefactor inesperado, cuya identidad no conoce hasta el final de sus días.

Resulta preocupante pensar que, tal como se está poniendo el patio, el tiempo se torne bucle y regresemos como por cruel encantamiento a las condiciones sociales de aquella época victoriana, negra de fondo y forma (al menos para los que no eran ricos), en la que los obreros eran esclavos modernos, solo aprendían los niños con afán autodidacta y para triunfar en la vida necesitabas un "benefactor" que te apañase la cuenta corriente.

Las esperanzas han dejado de ser grandes para tornarse en falsas. Nos prometieron que si estudiábamos seríamos "alguien". Que ir a la universidad nos garantizaría un futuro. Que cuanto más y mejor trabajásemos, mayor y mejor sería nuestro progreso en la vida. Y nos engañaron.

Nos hemos pasado la vida estudiando sin dejar de ser un cero a la izquierda. Hemos engordado las listas de clase universitarias solo para colgar en la pared títulos que ya no valen nada, tan repetidos como suenan. Nos hemos hinchado a trabajar en condiciones precarias para ganarnos, simplemente, seguir un día más con la precariedad. Y eso en el mejor de los casos.

Los Tiempos difíciles del maestro Dickens, que nació tal día como hoy, hace doscientos años, han vuelto. O quizá no se fueron nunca y todo el esplendor que nos vendieron no era más que una bagatela de oropel.

[Publicado en Madrid2Noticias].


*   *   *

MÁS INFO

Copio y pego del blog de Eutelequia:

"Londres se ha volcado con el bicentenario del autor que la retrató como nadie. Si quieres estar al día de todo lo que se ha organizado con motivo de este aniversario, no te pierdas la web www.dickens2012.org, donde encontrarás exposiciones, obras de teatro, festivales e incluso los documentales que la BBC dedica al escritor victoriano.

Y si piensas viajar a Londres, la aplicación para iPhone y iPad Dark London, desarrollada por el Museo de Londres, te acompaña por los paseos nocturnos que Dickens solía dar por la ciudad y te ofrece lecturas interactivas con pasajes de sus novelas y un mapa comparado de Londres en 1862 y en la actualidad. 
¿Que estarás en Madrid? Pásate por las librerías Sin tarima y La Fugitiva, porque desde hoy hasta el 29 de este mes hacen un 5% de descuento en todas las obras de Dickens, así como en la biografía que dedica al escritor londinense Peter Ackroyd, Dickens. El observador solitario."

Klimt prefería el desnudo



Decíamos ayer (¿o era anteayer?) que Sardá soplaba cincuenta velas vistiendo la piel más íntima de las españolas y MBFWM (Mercedes Benz Fashion Week Madrid; como escribe mi admirada Rigalt en El Mundo, hay que tomar aire para soltar el nombrecito) no le hizo ni puñetero caso. Pero hete aquí que Klimt, que nos pilla más lejos (concretamente en Viena) celebra su 150º aniversario y va Miguel Marinero y le dedica el desfile. Lo de fuera siempre da más 'rollito glamour'.

Resulta curioso que un diseñador que se pone la piel ajena por bandera escoja a un firme defensor del desnudo para chutar de arte icónico su colección. Porque en las creaciones de Marinero lo que menos se ve es la piel de la modelo, cuidadosamente envuelta en un cachito de piel de zorro. Y en los cuadros de Klimt los desnudos son constantes. Y bien sensuales.

Pero llegados a este punto, Marinero optó por ponerse a Klimt por montera: ¿que la piel que habita no se parece a "El beso"? Pues apaña un tocado de inspiración klimtiana y listo. Y tanto lo apañó que las cabezas de algunas modelos habrían encajado a la perfección en más de una de sus obras.

Lástima que la inacabable paleta cromática del vienés quedase reducida a cuatro colores: marrón, gris, azul y violeta. Ah, y rojo. O sea, cinco. Quizá pasó del omnipresente amarillo de Klimt porque dicen que trae mala suerte.

P.D.: Si tenéis la suerte de pasaros este año por Viena, apuntad las exposiciones especiales que diez museos ofrecen para conmemorar el nacimiento de Gustav Klimt.

[Publicado en Todo sobre mis trapos].

domingo, febrero 05, 2012

Preparen la agenda de la próxima semana...

... porque se avecina movidita.

1. Jueves 9, 20.30 horas, en Diablos Azules (c/ Apodaca, 6 - Madrid), nueva tertulia literaria organizada por Eutelequia. El tema: Lenguaje y barbarie: sobre la extinción del lenguaje en S. Beckett y W. Benjamin. La tertuliana: la filósofa Ana Carrasco-Conde. El coordinador: Carlos Muñoz Gutiérrez (autor del libro Paso a paso. Razones para subir montañas). Un buen motivo para ir y comprar El pensador vagabundo: que además de disfrutar con una lectura recomendada, entre otros medios, en Babelia, Eutelequia te invita a una caña/vino/refresco si te llevas puesto a Benjamin. Y si no has ido aún a los Diablos y dices que te gusta la literatura... chico, es que no te gusta tanto, porque es uno de los bares literarios por excelencia de Madrid. Cultureta pero no rancio.

2. Viernes 10, 17 horas, en Tipos Infames (c/ San Joaquín, 3 - Madrid), arranca el Taller de Fotografía Taurina que imparte Javier Arroyo. Si aún no te has inscrito pero no te quieres perder los consejos de un crack del objetivo como él, aún estás a tiempo de reservar tu plaza.

3. Sábado 11, 12 horas, en Saboreatéycafé (c/ Zurbano, 56 - Madrid), degustación literaria de tés. Anímate a probar un té afrodisiaco mientras te ríes de hombres, mujeres y nuestras ocurrencias, plasmadas en Los hombres de mi almohada por la que suscribe. Me acompañará Juanjo Ramírez, escritor y te-adicto. Diversión asegurada. Y solo por probar los tés tan especiales que preparan en Saboreatéycafé, con su galletita de acompañamiento y todo, merece la pena pasarse. Palabrita.

4. Sábado 11, 18 horas, Espacio Ítaca de Alcorcón (c/ Parque Monfragüe, 3 y 5). Los hombres de mi almohada vuelven a la carga en un lugar muy especial: una tienda de decoración que va más allá del shopping y apuesta por los eventos culturales. Me puede la curiosidad.

5. Sábado 11, 20.30 horas, en Tipos Infames, clausura del Taller de Fotografía Taurina de Javier Arroyo. Tanto si habéis participado como si os lo habéis perdido, os esperamos para probar alguno de los ricos vinos que tienen en esta librería-vinoteca. ¡Ah! Y si os animáis a llevaros Tinta y oro o Los hombres de mi almohada, allí estaré para firmároslo. San Valentín acecha... y la que avisa no es traidora.

Michel Rostain: "Un libro nos da realmente más fuerza de vivir que ideas sobre la vida"

Michel Rostain, por Martine Rostain.

Un padre no se queda huérfano cuando llora sobre el hombro de su hijo la muerte del abuelo. El padre es huérfano cuando pierde a su hijo. Es, de algún modo, una forma de perder el mundo. De quedarse sin un pedazo de vida. Y el pedazo en cuestión puede serlo todo.

Ese dolor, esa orfandad paternal, es el tema de El hijo (Ed. La Esfera de los Libros), debut literario del director de ópera Michel Rostain, que ganó el premio Goncourt 2011 a la primera novela con una historia que, sin dejar de ser desgarrada, tira por momentos de un humor que no llega a ser negro pero tampoco se queda en la medianía del gris.

Basada en la historia real de la muerte de su hijo, Rostain explora con una sencillez tan sutil como descarnada el proceso de duelo de un padre que pierde a su hijo de una enfermedad fulminante. Los porqués, los "cómo no me di cuenta", los "tenía que haber disfrutado más de él" convierten el duelo en una conversación inaudita con quienquiera que dirige los hilos de nuestras vidas y, en última instancia, hacen de la narración un diálogo interior en el que se cuece la esencia de la fugacidad humana.

-Escribe el libro en primera persona, adoptando la voz de su hijo. ¿Por qué ha querido ponerse en la piel ajena para narrar el dolor propio?
-No habría hablado del dolor si no fuera porque me llegó la voz de otra persona. Mi dolor es mi problema personal, no le resultaría interesante a nadie, excepto a mis íntimos. No tengo necesidad de contarlo en público, no tengo ganas de celebrarlo ni de demostrar lo horroroso que es perder a un hijo. Tengo la suerte de no estar alimentado por esa energía negativa. Si no hubiera encontrado esa voz que habla del dolor de un padre desde fuera, jamás hubiera escrito este libro. Mi hijo murió, eso es un dolor verdadero; mi hijo murió, eso no es ficción, desgraciadamente. En la novela, un hijo muerto habla a su padre, le consuela, se ríe de él... eso es ficción. En ese sentido, me ha resultado un placer escribir esa ficción.

-Confiesa que, además del libro, le ha ayudado en el duelo la música. ¿Qué piezas escogería como banda sonora de esta novela?
-Yo, Michel Rostain, cuando estoy perdido, toco a Bach en el piano. Bach es mi columna vertebral musical, me ayuda a mantenerme en pie. Ese soy yo. Realmente no sé qué banda sonora escogería. A veces me he planteado que, si algún cineasta quisiera hacer una película de mi libro, le dejaría elegir a él, no le daría ningún consejo. Yo he escrito el libro y no me siento capaz emocionalmente de ocuparme de otras cosas, ni siquiera de la música.

-Escribe: "Cada día de vida es como una decisión de seguir viviendo". ¿Escribir este libro era también una manera de decidir que había que continuar?
-No, al escribir ya estaba viviendo. Con la escritura de esta novela viví un momento de calidad, y si este libro les permite también a los lectores vivir un momento de calidad, es fantástico.

Todo al negro



Da igual lo moderno que seas o las ganas que tengas de asaltar el establishment fashion poniendo panza arriba el gato de las prendas: o eres Ágatha Ruiz de la Prada o sucumbes al negro. Aunque solo sea un poquito.

A una servidora, la verdad, le congratula ver que en casi todas las colecciones de Mercedes Benz Fashion Week Madrid (con lo fácil que era Cibeles, c-ñ-) hay concesiones a esa ausencia de color tan elegante, tan ponible, tan... tan de salvarte la vida en cualquier ocasión. Y como para gustos, los colores, aquí os dejo cuatro looks para cuatro ocasiones distintas:

1. Sobriedad impecable, por Davidelfín. Creía una -inculta como es- que el malagueño era un enfant terrible peleado con las buenas formas, pero no. Esta pieza al más puro estilo primera-dama-que-hinca-la-rodilla-ante-el-Papa resulta de un clasicismo irreconocible en esta firma. Elegante, es un candidato perfecto para ocupar un buen fondo de armario.

2. Sensualidad racial, por Hannibal Laguna. Inspirado en la mujer morena de Julio Romero de Torres, Laguna desplegó sobre la pasarela un nutrido homenaje al sempiterno noir. Me quedo con esta propuesta, a medio camino entre el aire lencero y los faralaes reconvertidos en flecos dispuestos por alturas.

3. Elegancia geométrica, por Ion Fiz. Combinar la dulzura de un pliegue con el concepto geométrico de una prenda es cosa difícil, pero el guipuzcoano lo logra en piezas como este traje de noche, que reinventa el clásico vestido negro, sobrio, para convertirlo en un apetecible y envolvente diseño.

4. Vaquero chic, por Teresa Helbig. ¿Quién dijo que las botas camperas eran para calzar un look vaquero? Teresa Helbig las incorpora a un concepto chic, rockero y respondón del vestidito negro de cóctel. Volante inocente en el bajo + tul provocador en las mangas = picardía a tutiplén.

¿Con cuál te quedas?

[Publicado en Todo sobre mis trapos]

sábado, febrero 04, 2012

100% yo (o eso dicen)

Hasta ahora siempre había sido yo quien hacía las preguntas y otro el que las respondía. Pero ha llegado el día en el que me ha tocado el turno de responder al Proust de Eutelequia (cada sábado, un autor cumple con el protocolo en el blog eutelequiano).

He aquí las primeras preguntas:

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No existe. Pero levantarme sin que suene el despertador, escribir en pijama, comer chocolate sin engordar y tener tiempo para leer todos los libros que compro se le parece bastante.

¿Cuál es su miedo más grande?
No poder pagar la hipoteca. Bueno, no. Que le pase algo a la gente que quiero.

¿Cuál es el rasgo que más deplora de usted mismo?
Mi falta de autoestima.

Qué, ¿te pica la curiosidad? Sigue leyendo en el blog de Eutelequia. Te contaré mis apodos, mi posesión más preciada, aquello de lo que me arrepiento o cuál es el amor de mi vida.

Los que ya lo han leído dicen que me muestro 100% yo. Qué remedio: no sé actuar. Ni siquiera cuando escribo.

Cicateros con Sardá


En España somos cutres. Cutres y carniceros. La envidia es el deporte nacional y de tanto practicarla terminamos haciendo músculo de la idiotez supina.

No, no he acabado con los cócteles del Kissing Room (de hecho, ayer pasé por primera vez, y eso porque los dioses cibelinos (¿o ahora serán "mercedinos"?) obraron el milagro de que me encontrase con C.R. (no, Cristiano Ronaldo no. Es tía y tiene mucha más clase. Y sobre todo más inteligencia) y de que C.R. me cogiera del brazo y me colase en esa performance de silicona labial rociada con chupitos de vodka rebajado). Lo digo con conocimiento de causa: solo en un país idiota, envidioso y cutre como el nuestro puede celebrar su 50º aniversario un tótem de la moda patria como Andrés Sardá sin que se le rinda ni el más mísero homenaje.

La indignación me la contagia Jesús Mari Montes-Fernández, el tío que más sabe de moda en esta república cicatera. Él se lo cuenta a C.R. mientras coge por banda a Alberto Murtra, el estilista de Andrés Sardá, que acaba de firmar un desfile impecable para celebrar cinco décadas de gloria lencera. Bien mirado, ningún homenaje habría sido tan logrado como el que se han hecho ellos solitos. Mantillas pecaminosas (lejos quedaron ya aquellos primeros encajes con los que la firma vestía, en sus primeros años, las cabezas de las catalanas. Vestir su pubis resulta más divertido). Flecos. Plumas. Satén. Zorro. Gasas, antifaces, sombreros, pañuelos. Siluetas etéreas. Espectáculo.

Show must go on. Y para la envidia, ajo. Y agua. Que de eso hay mucho en Cibeles. Digo en Mercedes.

[Publicado en Todo sobre mis trapos].

viernes, febrero 03, 2012

... y "Los hombres de mi almohada" se hicieron sevillanos

Fotos: Javier Arroyo

Presentar un libro es lo más divertido de escribirlo. Encontrarte con tus amigos. Hacer que un discurso y una firma sean la excusa para volver a verse. Reírse a costa de los recuerdos y brindar por lo que nunca debe olvidarse.



Los hombres de mi almohada terminaron el mes de enero en Sevilla y allí se encontraron con Bea (y María, en su tripita: es acojonante tener fans que ni siquiera han nacido), Eli, Moi, Quique, Juan, Conchita, María, Noelia (no, no hablo en tercera persona, como Aída: es que mi Umbralita se llevó a una compi que se llama como yo), Patricia, Paco... hasta Rubén Sánchez, la voz de Facua, se acercó a Fnac Sevilla para oírme hablar de mi libro (perdón por el momento Umbral, pero lo necesitaba) ¿Habrá recibido alguna queja de consumidores de líneas descontentos con mi ristra de cenutrios?



Como padrino, un escritor de tronío, Daniel Ruiz García. Aproveché el viaje en tren para terminar su novela Moro y me dio cierto pudor que alguien con tanto músculo narrativo dejase al aire mis vergüenzas en forma de flacidez literaria.

Daniel no me conoce de nada (bueno, sí, de mi libro) y clavó mi perfil: el sí pero no, la frivolidad disfrazada de gafapastismo, el alma de Audrey aprisionada en mis eternas lorzas. Dice de mis Hombres que son una especie de estudio de antropología sexual, un streaptease literario en el que doy rienda suelta a mi alma de entomóloga y convierto al hombre en un insecto digno más de escarnio que de estudio.



Daniel, tienes razón: nunca dejaré de ser una bocazas.

P.D.: A todo esto, para los que os preguntáis qué opina mi hombre-almohada del resto de los hombres que aparecen en el libro: se parte de la risa. Y por tenerle a mi lado ha merecido la pena besar unos cuantos sapos.

domingo, enero 29, 2012

Citas imprescindibles para la semana que se avecina

A falta de vestido para estrenar (pesan más las lorzas que la crisis), estreno sección bloguera: los domingos voy a contaros cómo se presenta la agenda de la siguiente semana.

Para empezar, una dosis de literatura: el martes, a las 20 horas, servidora presenta en Fnac Sevilla Los hombres de mi almohada (Ed. Eutelequia), junto a un escritor de pura cepa: Daniel Ruiz García (aprovechad los que vayáis y que os firme Moro: no os arrepentiréis).


El primer viernes de febrero nos deja otra cita eutelequiana: la presentación de Biblioteca Nacional, de Mario Crespo, en Zamora.


Para el sábado 4, una cita ineludible: Día Mundial contra el Cáncer. Pero ojo, que el acto principal de esta celebración se adelanta al jueves 2: una jornada divulgativa bajo el título Foro Contra el Cáncer. Por un enfoque integral. “Prevención y tratamiento multidisciplinar”, presidido por la Princesa de Asturias. La podéis seguir en directo, vía streaming, en este enlace.

Y no dejéis de visitar el blog de aecc Madrid, con información actualizada, consejos y numerosos artículos para saber más sobre el cáncer y ayudar a pacientes y familiares.


La cita fashion de la semana es, cómo no, Cibeles (perdón, Mercedes Benz Fashion Week Madrid). Del 1 al 5 de febrero pasarán por Ifema todas las propuestas de los diseñadores patrios para el otoño - invierno 2012-2013... y yo os lo iré contando por aquí y en mi blog de moda (o así) de laSexta, Todo sobre mis trapos. Eso si tanto glamour no me mata antes.

Foto: Web oficial de Mercedes Benz Fashion Week Madrid

Ah, sí, se me olvidaba. El próximo fin de semana también empieza (y termina) la feria de Valdemorillo. Qué nostalgia de mantas, cañones de aire caliente y café con leche en vaso para calentar más las manos que el gaznate. Definitivamente, hay moderneces que acaban con el encanto.


A la mujer de los ojos grana y oro

Un amigo escribió una vez que se te pusieron los ojos grana y oro cuando me viste presentar mi primer libro en Las Ventas. Y después explicó -quizá tú ya lo sabías, de tanta tabarra como te doy a veces- que grana y oro es el color de los valientes.

Acertó sin conocerte. A veces quieres empeñarte en dejarte vencer por una engañosa fragilidad, pero sabes bien que eres una mujer de hierro envuelta en un manto de terciopelo. Grana. Y oro.

Han tenido que pasar muchos años -demasiados- para que me diera cuenta. Para que supiera apreciar a la mujer que me esperaba en casa. Quizá cuando me percaté ya no me esperabas, porque yo me había marchado. Enfrente, es verdad, que es una manera sibilina de no terminar de marcharme nunca. Porque, para qué negarlo, no me apetece tenerte lejos pudiendo estar a tu lado.

Eres el valor sin cuento. El coraje. La torería al despertar, al echarse el mundo a la espalda para sacar a tus hijos a hombros por la puerta grande de la vida.

Eres un capote preñado de caricias. Firmeza envuelta en el papel de seda de la ternura.

Eres la fuerza. La lección del que no se rinde. El encanto del que perdiendo gana.

¿Recuerdas que, cuando yo era pequeña, a veces nos vestíamos iguales? Teníamos una falda vaquera idéntica y nos gustaba jugar a disfrazarnos de Pinypon aunque las vecinas, envidiosas, nos criticasen por presumidas. Hoy, más de veinte años después, volvemos a tener la misma falda (la tuya más pequeña que la mía, hay que joderse). Y hoy, cuando sumas años y descuentas fantasmas, solo le pido a quien desde no sé dónde esté oyendo el ruido de estas teclas, que me haga el regalo de parecerme a ti en algo más que una prenda.

Felicidades, mamá.


sábado, enero 28, 2012

La prima de riesgo literaria

Si acuden estos días a una librería, probablemente verán una colección de cajas llenas de libros repartidas por el suelo. Incluso en algún mostrador. No se asusten: no van a invadirles las letras. Al menos no esas. Son las devoluciones, esa palabra maldita que temen todos los editores (y en especial los pequeños, que son quienes producen lo justito para que se venda y ven desplomarse sus cuentas cuando reciben cajas y cajas de libros devueltos).

Cada principio de año es igual: repaso a las mesas de novedades y hachazo sin piedad a los títulos de autores desconocidos, de editoriales independientes, de pequeñas joyas, quizá (otras, es verdad, no tanto. Ni siquiera un poco), que perderán para siempre su oportunidad de que alguien pueda cogerlas, enamorarse de ellas y pasar así por caja, aunque sea por impulso compulsivo. Hay que hacer sitio a lo que viene, que es mucho, y en especial a los títulos de las grandes (Planeta, Alfaguara y cía.), que copan mesas y mesas con sus nuevas grandes apuestas (y otras no tan grandes, que son el peaje que tienen que pagar los libreros por vender los títulos que todos quieren) y condenan al ostracismo a plumas ignotas y pequeños sellos que solo piden una oportunidad.

Quizá el problema sea que se publica mucho (76.206 títulos editados en 2010). Mucho más de lo que se vende. Y sobre todo ahora que los Reyes (los Magos, se entiende) se han puesto modernos y han regalado ebooks a espuertas. Bien mirado, un libro electrónico es, junto a los grandes clásicos, el único que no caduca. Y todo porque no ocupa espacio (físico). El resto son páginas que, según nacen, tienen un cortísimo plazo de tiempo para asumir su muerte prematura: les dan tres o cuatro meses. Seis, con suerte. Para entonces, lo que no se haya vendido habrá que tirarlo.

Y, teniendo en cuenta que, al margen del selecto grupo de los títulos que publican las editoriales grandes, los libros solo se promocionan por el boca a boca, ¿qué tipo de fenómeno literario tendríamos que ser para que en seis meses toda España hablase de nosotros y se lanzase en masa a las librerías a pedir nuestra obra?

Ah, se me olvidaba. Cuando ese potencial lector llegue a la librería es más que probable que nuestro libro ni siquiera esté. Tendrá que encargarlo. Las distribuidoras (que son las que cortan el bacalao en el mundillo) prefieren colocar bien los títulos de las grandes. Son ingresos seguros. Y hay pocos valientes dispuestos a asumir la prima de riesgo del mercado literario.


[Publicado en Diariocritico.com]

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