domingo, diciembre 11, 2011

"Vermeer"





Duele atravesar paredes, uno se pone enfermo de eso
pero es imprescindible.
El mundo es uno. Pero las paredes...
Y la pared es parte de ti mismo:
uno lo sabe o no lo sabe, pero es así para todos
salvo para los niños. Para ellos no hay pared.


El cielo claro se ha apoyado en la pared.
Es como una oración al vacío.
Y lo vacío vuelve su rostro hacia nosotros
y susurra
"Yo no estoy vacío, sino abierto".

"Vermeer", de Tomas Tranströmer (Premio Nobel de Literatura 2011), en El cielo a medio hacer (Nórdica, Madrid, 2010), pág. 167.

sábado, diciembre 10, 2011

La poesía también tiene 'best sellers'

Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011 (Foto: LAURENT DENIMAL (OPALE) /  El País)

Piensas en lírica e inmediatamente viene a tu mente aquello de "Malos tiempos para...". Y sí, quizá sean malos tiempos para todo, pero no especialmente para el verso.

Resulta que los señores del Nobel, que bendicen con su fallo anual a quien ya se ha bendecido previamente con su trabajo de premio, han posado esta vez sus ojos, para el galardón literario, en un artista de los versos. Esta tarde Tomas Tranströmer recibe el Nobel de Literatura. Es el primer sueco que lo logra en treinta y siete años. Es profeta en su tierra. En lo literario y en lo económico. Porque resulta que vende como nadie, y no solo libros: un sujetalibros metálico con su silueta es de lo más solicitado como regalo navideño en Estocolmo.

Quién se lo iba a decir a Tranströmer cuando pasaba sus días entre rejas, atendiendo como psicólogo a presos en las cárceles suecas. Y quizá por esa formación profesional su vocación artística, la poesía, se articula en torno al compromiso con lo personal y a la atención a lo cotidiano.

Me lo explicaba el poeta Carlos Pardo, el prologuista de uno de sus últimos títulos en castellano, El cielo a medio hacer (Ed. Nórdica), cuando, días después de la concesión del Nobel, le pregunté por el nuevo galardonado. Sus líneas en el prólogo no dejan lugar a dudas: "Digamos que se concentra en el mundo para eliminar todo aquello que molesta a la percepción, empezando por un estorbo conocido: el propio poeta. Pero al desaparecer Tranströmer, encuentra su propia vida. Me explico: suele llamarse sencillez a una fórmula asumida en la que alguien digiere por nosotros y lo devuelve en forma de reflexiones. No es su caso. Tranströmer se limita a recoger y limpiar un puñado de imágenes sanadoras".

Otro poeta español, Antonio Lucas, ha sido uno de los más firmes apostantes por el Nobel a Tranströmer. De hecho, horas antes de conocerse el galardón, Lucas hacía la quiniela ganadora en el diario El Mundo y se adelantaba a la evidencia. Después lo explicaba así: "Le tocaba por demasiados motivos. Esencialmente por el único que importa, porque es un excelente escritor que viene de la sorpresa y del manadero de los clásicos. De la imagen que estalla con delicadeza y del compás latente de Horacio".

Nicanor Parra, Premio Cervantes 2011 (Foto: Berta López Morales / CVC Cervantes)

Junto al inefable Nobel, este año otro de los grandes galardones literarios, el Cervantes, ha recaído en otro poeta: Nicanor Parra, máximo exponente de la antipoesía, ese movimiento que desafía la tradición del verso apoyándose en el lenguaje de lo cotidiano, alejado de esa elevación a menudo artificial de lo sublime.

Y cabe preguntarse así si acaso la poesía vive un momento de esplendor. O si lo ha vivido siempre, pero resulta que ahora se habla de ella y, por tanto, se vende. O si, en último término, vender es lo importante para un poeta.

Presumo que no. Y me zambullo en una estrofa de Antonio Lucas:

Así también el poema:
un corazón tendido,
un festín de desamparos,
un idioma exacto,
casi un pájaro, Ezra.
¿De qué ha servido?

Antonio Lucas, Los mundos contrarios (XXX Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla), Ed. Visor.

[Publicado en Diariocrítico.]




Reportaje sobre poetas en laSexta Noticias, con Carlos Pardo, Antonio Lucas y Marcus Parker.

viernes, diciembre 09, 2011

Pensionista a puñaladas


Dicen que ha sido un error y que ya se ha subsanado. Han hecho falta seis años, pero se ha subsanado. Error de tremendas dimensiones, visto el tiempo transcurrido hasta borrarlo.

Ah, no, que borrarlo no se ha borrado. Porque Consol sigue muerta y Llorenç, el tipo (a la sazón, marido) que por quedarse viudo a puñaladas ha cobrado desde entonces una pensión de viudedad de más de 500 euritos al mes sigue sin inmutarse.

Y la familia de la víctima sigue sin cobrar la indemnización fijada por el tribunal. Y ahora la Seguridad Social revoca la pensión al asesino y hasta se plantea pedirle que devuelva lo que le ha caído en este tiempo, pero vamos, que si no es porque el abogado de la acusación empieza a investigar eso de que el tal Llorenç se declarase insolvente para pagar la indemnización en cuestión, Llorenç sigue siendo un asesino viudo... beneficiario de una pensión lograda por un crimen.

Cosas, en fin, de nuestra España.



[En lo que va de año, 55 mujeres han muerto a manos de sus parejas o exparejas en España. La cifra ascendería a 56 si se confirma que la mujer apuñalada hoy en Madrid ha sido asesinada por su marido.]

Si sufres violencia de género o conoces a alguien que pueda estar sufriéndola, llama al 016, número gratuito del Gobierno que no queda reflejado en la factura telefónica.

jueves, diciembre 08, 2011

La sombra de Carmen Rigalt en "Tinta y oro" y "Los hombres de mi almohada"


"La literatura camina paralela a la vida. Sólo quien no vive no tiene nada que contar." (Carmen Rigalt, Todas somos princesas y otras crónicas de la vida cotidiana)

"Él te decía que le gustabas más que ayer pero menos que pasado mañana y que solo había que esperar." (Noelia Jiménez, Los hombres de mi almohada)

"La peor de las heridas es un pitonazo en el alma." (Noelia Jiménez, Tinta y oro)

Tinta y oro y Los hombres de mi almohada, dos libros tan distintos pero unidos no solo por la autora sino por la permanente huella de una gran maestra de la pluma, Carmen Rigalt, referente indiscutible del periodismo contemporáneo español.

En esta tertulia intentaré destejer los hilos que conectan mis primeras obras con las novelas, columnas y entrevistas de una de las firmas más prestigiosas del mundo de las letras.

Lunes 12 de diciembre, 20:30 horas, en el bar literario Diablos Azules
(c/ Apodaca, 6 - Madrid - Metro Tribunal)

A todo aquel que adquiera uno de los dos libros Eutelequia le invita a un vino, caña o refresco.

El iNovio



Entre las atenciones que amigos y compañeros están dedicando a Los hombres de mi almohada, una de las que más ilusión me ha hecho es el extracto que publica en su blog José Ángel Barrueco, un escritor que aprecio mucho, en lo literario y en lo humano.

JAB, que es como le llamamos en Eutelequia, me asegura que se ha reído a gusto con este libro y que le ha gustado especialmente el capítulo sobre "El iNovio", del que publica estas líneas:

La apoteosis del iNovio llega cuando te regala el iPad. “¡Por Steve Jobs y todos los santos! –piensas–, ¡qué pedazo de novio tengo! ¿Cómo se ha podido gastar esta pasta en mí?, y le besuqueas mientras, entre beso y beso, veneras la pantallas sin tocarla demasiado, no vaya a ser que tus huellas dactilares mancillen pronto la virginidad inmaculada de ese oscuro objeto de deseo.


Pasada la euforia inicial de los dedos que van y vienen, haciendo moverse el mundo a su antojo –al menos el escaso trocito de mundo que cabe en las 9,7 pulgadas que pugnan por ser una ventana con vistas al universo–, vuelves a los cariñitos, a los besitos en el cuello, a la mano sobre su espalda, a las travesuras por debajo de su pantalón… y al desencanto de escuchar eso de “Va, cari…, que estoy trabajando”, mientras sospechas que la erección que intuyes bajo su vientre no es producto de tus provocaciones, sino de que ha encontrado en el foro de macqueros un nuevo gadget que llevarse al iPhone. “¿Por qué no coges el iPad un ratito? ¿Has probado ya todas las aplicaciones que recomendaban en esa revista que te compré?” Y todo sin despegar los ojos de la pantalla de su MacBook Pro, claro.


Con razón el simbolito de Jobs es una manzana. Si la pruebas te envenenas. Y lo peor es que ellos han empezado a enarbolarla como forma de darle la vuelta a la tortilla. Nos la dan a probar para expulsarnos de su paraíso. Como si, no sé cuántos siglos después, Adán quisiera reescribir la Biblia y hubiera encontrado el pecado perfecto para convertir a Eva en penitente perpetua: una manzana que cambia la piel rojiza y brillante por formas tan irresistibles y fondos tan resistentes que no hay manera de decirles no.


Y nosotras, encantadas como estamos de que por una vez en la vida la tecnología se convierta en moda y deje de ser solo un revoltijo de cables para friquis, ni siquiera nos damos cuenta de que la manzana ya está mordida. ¡Ilusas!

miércoles, diciembre 07, 2011

Un paraguas plegable para el temporal


Cada vez que alguien me dice que ha abierto un negocio se me hiela la sangre. Qué valor, pienso. Con la que cae y lo agustito que se está en casa. Y supongo que por eso estamos como estamos, porque para muchos se está muy a gusto en el sofá y meterse en líos de facturas, de inversiones, de dolores de cabeza porque no se llega a fin de mes, de IVA impagado o de proveedores que no proveen más que disgustos es cosa solo de valientes.

Haberlos, haylos. Valientes, digo. Gente que en mitad del temporal se atreve a tirarse al monte con un paraguas plegable y un chubasquero de plástico fino, se pone la crisis por montera y se dice que si se dedica a moquear por lo que no puede ser jamás reirá por lo que ha sido.



Adam El Mhassani y Laura Fernández Lázaro son dos de estos valientes. En plena crisis ha decidido tirar de agallas y montar Godè, un gastro‐club especializado en la elaboración y venta de bebidas con base de café y en la comercialización de otros productos gastronómicos como el vino o la cerveza, situado en el centro del barrio valenciano, multicultural y cosmopolita, de Ruzafa.

Allí no solo se pueden tomar bebidas creativas (infusiones exclusivas, batidos de frutas y hortalizas con sabores diferentes a lo convencional) o adquirir cervezas artesanas o vinos sin alcohol, sino que también han puesto en marcha el Club Godè, un grupo para los amantes de la gastronomía en el que sus socios, además de beneficiarse de descuentos y promociones especiales, podrán participar en diversas actividades de carácter gastronómico e incluso social.



Pero la historia no es solo ganar dinero. En Godè quieren hacer más accesibles ciertos productos gastronómicos que, aunque conocidos, cuentan con un limitado apoyo comercial en el mercado y servir de plataforma de promoción a pequeñas empresas dedicadas a la gastronomía cuyos nuevos productos tengan escasa presencia en el mercado, siempre y cuando parte de los beneficios de la venta que se genere en la plataforma de Godè vaya destinada a proyectos sociales.

¿Saben lo bueno de los paraguas plegables? Que apenas pesan en la mochila. E ir ligero de equipaje es condición sine qua non para triunfar en la vida.

Godè
c/ Los Centelles, 34, Valencia
Horario de apertura: de 9.00 a 20.30, todos los días a excepción de los domingos
Teléfonos: 963 810 029 / 625 504 134    

martes, diciembre 06, 2011

Pedrito y #donaundia


Un niño. Una guitarra. Un bailecillo. Internet. Risas. Y cada risa, un euro. Una fórmula sencilla para sacar a cientos de niños colombianos de la extrema pobreza en la que malviven.

La idea es de mi amigo Nicko Nogués y de su colega Josep Manel Sicart, que han agitado sus mentes creativas para servir un cóctel explosivo en la bandeja de la Fundación Pascua.



Querían obtener un millón de pesos colombianos. Ya llevan tres. Y el ritmo no debe parar, porque tres millones de pesos son poco más de mil euros, así que toca mojarse. Por Pedrito, por su guitarra, por el perro figurante y, sobre todo, por responsabilidad con esos niños colombianos que aúllan en la garganta luminosa de Pedrito pidiendo, solo, una mirada. Una oportunidad.

Junto a Pedrito y el vídeo del millón, la otra campaña solidaria que ha triunfado en la Red esta semana ha sido #donaundia, de Unicef. No piden grandes sumas: con solo 1,20 euros estaremos dando tratamiento durante un día a un niño con desnutrición infantil aguda grave. Y 42 euros es lo que se necesita para realizar un tratamiento completo que dura entre 28 y 42 días.



Un día lo tiene cualquiera. Malo y bueno. Pero hay niños que se agarran a las horas con yemas y encías para arrancar a la suerte la suma de veinticuatro.

Cómo colaborar:

  • Con la Fundación Pascua: hay que ingresar solo un euro en la cuenta de Caixa Catalunya, nº 2013 0094 52 0201170539  (ingreso a nombre de: Fundación Pascua. Concepto del ingreso: un view, un euro, miles de sonrisas). También puedes hacer tu view-donación a través de PayPal al mail funpascua@yahoo.com.
  • Con #donaundia de Unicef: conéctate a tu Twitter o Facebook y elige cómo quieres participar en la cadena (puedes crear tu cadena, seguir la de un amigo o unirte a una existente), haz tu colaboración. Manda un mensaje con la palabra CADENA + el nombre de la cadena elegida al 28028 y tu donación se sumará a la cadena. También puedes donar a través de www.dona1dia.com.


Si quieres ver el reportaje que hicimos en laSexta Noticias sobre estas campañas, pincha aquí

lunes, diciembre 05, 2011

Entre el #gratisnotrabajo y el periodismo de premio

Chapu Apaolaza

La mitad más uno de los días me levanto preguntándome qué narices pinto yo en el periodismo. De qué sirve estrujarse las neuronas para poner palabras sobre el papel cuando poner juntas de culata a tiempo parcial sale mucho más rentable.

Y en ese cuarto y mitad de tiempo que no me pregunto nada porque no quiero deprimirme con la respuesta va mi amigo Chapu Apaolaza y me demuestra que a veces escribir bien merece la pena. Que hay días que valen décadas y que todavía hay teclas aladas que se coronan con laureles.

Chapu (o don Francisco ya, quizá) ha ganado el Premio de Periodismo Manuel Alcántara por un delicioso reportaje sobre el Café Gijón, realizado tras la muerte de uno de sus más insignes tertulianos, Manuel Alexandre. Se llama "Tertulia a sorbos" y en cada línea lo que dan ganas de sorber son los elixires de una prosa periodística de rompe y rasga, con raza y a la vez serena. Madura. Capaz. Solvente. Elegante. Y con sensibilidad a prueba de indolentes.

Chapu es un caballero. De la pluma y de la vida. Un señor. Y da gusto saber que eso sigue teniendo premio.

Claro que un día después de la alegría del amigo, la puta realidad vuelve a hacer que la profesión se reboce en el fango: manda huevos que hayan tenido que denunciar la oferta de esclavitud de una empresa no periodística para que el gremio de la tecla nos indignemos y proclamemos a los cuatro vientos (de Twitter) que #gratisnotrabajo.

Empiezo a temer que el pajarito haya cantado demasiado tarde.

sábado, diciembre 03, 2011

La primera crítica

No he escrito aún sobre lo que otros han escrito a raíz de mi escritura. No es por falta de ganas ni por humildad fingida. Es solo porque ando ayuna de tiempo.

Y aunque han pasado demasiados días, he de empezar por el principio. Por la primera crítica. La que me hizo una compañera a la que respeto profundamente y de la que admiro, entre otras cosas, su rectitud y su manera de ir de frente por la vida, sin importarle las hostias que puedan llover.

Julia Rivera vino a la presentación de Los hombres de mi almohada, aguantó estoicamente el final de la cola para pedirme una dedicatoria y, al poco de llegar a casa, me dejó en el correo este delicioso párrafo:

"Si alguien quiere comprobar que una 'conversación de chicas' puede alcanzar la categoría de lo literario, que se siente con este libro en un bis a bis. Y si alguien quiere pasar un rato mejor aún, que lo lea en voz alta en un tocador de un restaurante de una docena de tenedores. Cuidadito con prestarlo, que este libro no lo devuelven". Julia Rivera (también escribe de vez en cuando).

Gracias, Julia. Te debo una.

Bufet literario en las Posadas de la escritura


Dos toques y descuelgan el teléfono. Al otro lado, una voz luminosa. Muy cercana. Cálida. Carmen Posadas. Se nota que está feliz. Que este libro es para ella mucho más que una colección de pensamientos escritos con primor en trescientas y pico páginas. Es, de algún modo, la historia de su familia, diplomáticos uruguayos que recorrieron medio mundo, y sobre todo, la de su madre, una mujer que, a falta de gran presupuesto, tuvo que tirar de ingenio para hacer que ese pequeño país americano quedase a la altura de las embajadas pomposas.

Carmen y su hermano Gervasio se han inspirado en los diarios de Bimba, su madre, para escribir Hoy caviar, mañana sardinas (Ed. Planeta), un recorrido por el Madrid de los sesenta, la Rusia de los setenta y el Londres de los ochenta, con un gran protagonismo de esas recetas llenas de imaginación con las que la mujer del embajador trataba de sorprender a sus invitados.

Escribir mano a mano, por mucho que la mano de enfrente, sea la de un hermano, se antoja, en principio, complicado. Para Carmen Posadas, "una novela a cuatro manos habría sido absolutamente imposible, pero este libro es distinto: somos hermanos que hablamos de nuestra vida y cada uno de nosotros se ocupa de la parte que conoce mejor porque la ha vivido con más intensidad".

Se nota que la primera escritora de los Posadas fue Bimba, porque el diario que mantuvo durante tantos años se revela una fuente de inspiración digna de ser publicada. "De hecho -cuenta Carmen- ella decía que iba a escribir sus memorias y que las iba a titular Payalsta, una palabra rusa que se usa a modo de comodín para pedir 'Por favor', para expresar incredulidad o para mostrar ironía. Sin embargo, nunca llegó a escribirlo, así que a partir de ese diario y de sus recetas completamos la historia de nuestra familia con las vivencias de cada uno y escribimos este libro. Pero es cierto que mi madre era una maravillosa narradora, sobre todo en la narración oral. Cada vez que teníamos que hacer un viaje largo ella nos entretenía contando cuentos magníficos. Recuerdo que en un viaje a Austria en coche nos dejó con la boca abierta a los hermanos contándonos la historia de la muerte de Rasputín".

Entre las peripecias de Bimba narradas por sus hijos, destacan las ingeniosas ideas para organizar suculentas cenas con un presupuesto ínfimo. "¡Incluso se inventó un pastel de falsa langosta! -recuerda Carmen Posadas-. Ni llevaba langosta ni nada, pero iba adornado con una langosta falsa que había encontrado en Harrods y dejaba con la boca abierta a los comensales".

Las vivencias de los Posadas en Rusia corren a cuenta de Gervasio, que vivió allí sus años de adolescencia. Sin embargo, en Hoy caviar, mañana sardinas descubrimos que la glamourosa Carmen se casó en el Moscú comunista... ¡y que dejó su ramo de novia en la tumba de Lenin! "Mi madre casi me mata -confiesa la escritora-. Me empeñé en organizar mi boda en Rusia porque allí estaban destinados mis padres y aquello fue una odisea porque habían prohibido las manifestaciones religiosas. El culto a la personalidad de los gobernantes era tan grande que en la Plaza Roja había una cola de siete kilómetros para ver la tumba de Lenin. Sin embargo, allí es muy típico que las novias dejen su ramo en este lugar y no tengan que esperar la dichosa cola, así que yo, para poder ver la tumba, decidí dejar el ramo... ¡a mi madre le daba algo!". Gervasio, por su parte, fue "pionero de la URSS", una especie de juventudes comunistas que adiestraban a los niños para una posible guerra. Gervasio se inscribió para aprender bien el idioma y recuerda cómo "durante dos veranos nos daban formación bélica, fabricábamos máscaras de gas... hacíamos cosas realmente divertidas".

De aquellos años, Gervasio recuerda que "no había casi nada. La comida era un tema de conversación muy recurrente porque la escasez era grandísima. Pero recuerdo que entre mis platos favoritos de aquellos años estaban la carne y los postres con dulce de leche".

Y entre el caviar y las sardinas, ¿con qué se quedan los Posadas? "Cada cosa tiene su momento -responde Carmen-. Me encanta el caviar pero para todos los días prefiero las sardinas. Las sardinas no tienen el glamour del caviar porque son baratas pero si costasen más, la gente las apreciaría de otra manera porque... ¡están deliciosas!".

[Publicado en Diariocrítico].

viernes, diciembre 02, 2011

Musos


Musas, ¡oh, evocadora palabra! Hadas del folio en blanco, señoras de la creatividad, amantes por momentos caprichosas y otras veces despechadas.

La cultura occidental tiene una ristra de musas tan ingente como para reescribir todo lo que ya se ha escrito, pero olvidando las letras precedentes. Un porrón, vamos. Primero fueron en versión griega, entraditas en carnes y vestidas con vaporosas túnicas. Pero con el paso de los siglos, la imagen de la musa es la de una tipa neumática, con más silicona que carne y, ante todo, ligera de ropa. Si puede ser en bolas, mejor. Y si pone morritos al posar, ya ni te cuento cómo inspira.

Pero, ¿qué se ha dicho sobre los musos? ¿Qué ninfos celestiales inspiran a las féminas? Silencio. ¿Acaso necesitamos inspiración para barrer, fregar o cocinar?, se dirían los antiguos. Dejando a un lado inútiles batallas de género, resulta que musos, haberlos, haylos.

Unos tienen forma de modelo. Lucen abdominales en modo tableta. Torsos depilados. Cutis a salvo de imperfecciones (ni una maldita espinilla). Piernas torneadas. Sonrisa Profidén (aunque va a haber que cambiar la metáfora por Sensodyne, que está como más de moda). Demasiada perfección. Un aburrimiento, vamos.

A la hora de inspirar, motivan mucho más los cenutrios. Los cerdos que se dejan los calcetines sucios bajo la cama hasta que la bola de pelusa que los rodea los hace invisibles. Los capullos que te prometen el cielo y, después de arrojarte al infierno, se dan el piro en busca de la musa neumática de turno. Los imbéciles que se empeñan en hacerte creer que son mejor que tú porque saben que son peores que cualquiera. Esos sí que te dan calambres en los dedos para que te desfogues con la tecla*.

A veces una se pregunta si merece la pena retratarlos, habida cuenta del ego superlativo que gastan, que podría incrementarse si se ven reflejados en dos o tres líneas de nada. La respuesta es sí. La inspiración no atiende a reglas y nadie dijo que no pudieran sonar en ella los tambores de la venganza.

*Para más información, leer Los hombres de mi almohada (Ed. Eutelequia), un completo catálogo de machos de distinta estampa y condición.

[Publicado en Antonia Magazine]

jueves, diciembre 01, 2011

Morarte (con perdón)


"Existe una identidad entre el amor y el arte, en ninguno de los dos cabe la voluntad". Esta frase, de Juan Belmonte, y la de "Me gusta vivir conmigo", de Morante de la Puebla, son lo único que me llevo a la Moleskine de Morarte, el documental sobre Morante/los toros/el toreo/el duende/la vida/la muerte/el minotauro (y aquí lo dejo) que ayer presentaba en Madrid Ander Duque.

Vaya por delante que quito la boina (francesa) ante cualquier intento de hacer atractivo el mundo taurino a un público generalista que jamás irá a una plaza de toros pero que quizá sí se siente en la butaca de un cine. Ahora bien, cuando ni convences al taurino ni das pistas certeras al que no lo es, la cosa pierde puntos.

Curro Vázquez, diplomático, lo soltó sin darse cuenta en el coloquio posterior a la proyección: "Hacer una película sobre el mundo del toro es muy difícil. Ni siquiera mi amigo Agustín Díaz Yanes, hijo de banderillero, se ha atrevido a hacerlo".

Con el toro del celuloide hay varios peligros. Primero, caer en el topicazo: fijador, guayabera, puro, flamenco, palmas... musho arte. Segundo, que las luces de los trajes te aturdan y te sumerjan en los vaivenes de la grandilocuencia.


Morante es de lo más antitópico que existe ahora mismo en el toreo, pero retratado en este documental se antoja por momentos un personaje falto de hervores, que se pierde en el silencio porque anda ayuno de pensamientos o porque el humo del puro interminable le ha aturdido las neuronas.

Cuando Morante calla y deja la mirada perdida, el aficionado se sonríe porque sabe que es José Antonio en estado puro. Pero el que no conoce a José, ni a Antonio, ni a Morante, al verlo ahí, con sus pelambreras despeinadas, su polo de estampados imposibles y su pantalón verde pistacho adornado con zahones, puede terminar creyendo que es un personaje desnortado a punto de ahogarse en el Río de la Puebla.

Escalofríos me dio el presupuesto inicial de sumergirse en el pensamiento del toro. Si partimos de la base de que los toros piensan, ruego a Dios -o a Morante- que los antis no busquen el documental en Internet, porque lo terminarán enarbolando cual caballo de Troya para reventar -desde dentro- lo poco que queda del tinglao. Y si llegan a la parte de la muerte del hombre-toro/minotauro, que el que esté de guardia en el cielo nos pille confesados, pues resulta más cruel la escena figurada que el rito verdadero.

Morarte es ambicioso. Y la ambición motiva y lleva casi siempre a la superación, pero cuando se trata de descarnar el mito para bucear en el arte escoger un personaje con tantas aristas como el de La Puebla y dejar al espectador al albur de un guión poético complica la cuestión.

Pero hasta José Antonio lo dice: "Eh... está bien...".


MORARTE. Historia de un encuentro from Ander Duque on Vimeo.

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