jueves, julio 06, 2006

En el Asador, como en casa

Lo descubrí gracias a las tertulias de Onda Madrid -gracias a MAM, fundamentalmente- y enseguida sentí que era como si hubiera comido allí toda mi vida. Como si los conociera a todos desde siempre.
Durante el mes que duró San Isidro, el rato de la comida era como ir a casa. Más a casa que cuando salía de la tele por las noches y me iba corriendo a dormir. Quizá porque en el Asador todos te reciben con una sonrisa, con un abrazo que te dan con los ojos, y en mi casa no es que no me quieran... es que estaban dormidos cuando yo llegaba.
Pues eso, que anoche estuve en el Asador Donostiarra. Con Paloma -ya os hablaré de ella... de momento os digo que es mi mejor amiga... casi como mi hermana-. Y de nuevo sentí que era parte de todos ellos. O que ellos eran parte mía.
No es que se coma excelentemente bien -que también-, sino que te tratan de manera extraordinaria.
Pedro Ábrego es un fenómeno. No sé qué hacer para demostrárselo.

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