Ingenua.
Bajo la persiana. No entra fresco, pero llevo un año sin poner cortinas y no quiero que los vecinos me vean con el pelo revuelto. Aún no estoy en pijama. Cuando me acerco al balcón veo que la hierbabuena parece una mala yerba porque hace un par de días que no riego, pero no me apetece coger la regadera porque si me acerco a la cocina voy a terminar pecando con el chocolate y no es plan. La clavellina, en cambio, está imponente. Es la única que sobrevive de las cuatro que compré, y eso que parecía la más pequeña e indefensa. Ya lo dicen los bajitos, que ojo con ellos, que son de armas tomar. Yo también soy bajita pero carezco de autoestima y mi única arma es la pluma, suponiendo que algún día aprenda a empuñarla con esmero.

Yo le digo que no se preocupe. Que yo me voy pero que el geranio se queda.
Y la frase rezuma olor a responso. Como si el geranio fuera mi alma. Con flores que se van secando y con un tallo que parece un toro, no sé si porque la vida le pone los cuernos en cuanto baja la guardia o porque al final termina creciéndose ante el castigo.
sabes lo que me ha llamado la atención del post? el dejar de entrar en la cocina por no pecar con el chocolate. más fuerza! más fe! un beso enorme!
ResponderEliminarJajajaja... ¡¡bienvenida a mi eterna lucha con la báscula!! ¿Algún truco para no perder la pelea? Besos.
ResponderEliminarOleeeeeeeeeeee me ha gustado mucho este post, eso de que el geranio tenga un tallo como un toro porque la vida le ponga los cuernos o porque se crece en el castigo, genial.
ResponderEliminar¡Un saludillo!
P.D: ¿Vas a empuñarla con mejor esmero que con el que lo haces ahora? ;)
Jejeje... ¿qué quiere decir eso? ¿Que no lo hago con suficiente esmero? Jajajaja.
ResponderEliminarBesotes y gracias por tu fidelidad, hermosa.