jueves, agosto 28, 2008

Tal día hizo un año

No es que quiera copiarme de Mara. Cierto es que ando jodida de inspiración. Bueno, más que de inspiración, de tiempo. Pero tenía pensada esta entrada desde hace días.

Porque el calendario vuelve tras sus propios pasos, recupera el aliento perdido y hace que lo volvamos a perder cuando respiramos recuerdos infaustos y el dolor vuelve a llenar los pulmones. Te zarandea, te pega una bofetada, y otra, y otra más, y quisieras recordar que recordaste que no ibas a olvidarlo, pero tanto regreso al pasado te deja sin fe en el futuro y sin ganas de presente. Y todo porque lo que ya no está se hace más presente que nunca.

No quería volver a la tristeza. Con Barajas ya tuve suficiente. Pero, qué quieren que les diga, que una es sentimental. Que se empeña en ser de piedra, pero no puede. Que quiere no querer, pero termina por amar. Que quiere no sufrir, pero se muere de pena. Que quiere no recordar, pero en ciertos momentos es incapaz de mirar hacia delante.

Como ahora. Como entonces.

Como cuando Puerta dijo adiós. Como cuando el destino, no se sabe cómo ni por qué, decidió que ya había vivido bastante. Y eso que prácticamente no había empezado. A vivir, digo. O a disfrutar de la vida. De la miel. Porque vivir sin miel no es vivir del todo.

Por eso ahora quiero recuperar lo que escribí en ese momento. Lo que sentí. Lo que pensé.

Y sólo deseo que ahora, trescientos sesenta y cinco días después, el dolor haya dejado de ser un golpe constante para convertirse en una presencia ineludible, sí, aciaga, sí, pero, al fin y al cabo, sólo presencia.

Aprender a soñar

Se puede freír un huevo en la acera, pero ella tiene la piel de gallina. Lleva así desde el sábado, cuando le vio desmayarse, sin saber por qué, para luego levantarse como si nada y después, como si nada de nuevo, volver a quedar inconsciente.

No entiende nada. Si él se cuida, se repite. Si es mucho más joven que yo. Si acaban de hacerle un examen médico y le han dicho que está perfecto. Si... No.

No puede dormir y no puede tomar nada para intentarlo, porque le han dicho que es malo para el bebé. De todos modos, ella tampoco quiere. Dormir. Tiene miedo a cerrar los ojos y verle ahí, mirándola, susurrándole, como alguna de las últimas noches, que la quiere. No quiere verle porque sabe que la cabeza le va a jugar una mala pasada, que se va a terminar creyendo que es verdad, que él está ahí, y entonces va a abrazar la almohada como si le rodeara con sus brazos, y en algún momento va a despertarse y, al verse asida al trozo de algodón, se va a sentir ridícula.

No quiere dormir sola. La cama, de pronto, es demasiado grande. Le sobra espacio. Le sobra espacio, pero le falta el aire.

Mientras trata de respirar, se dice que se lo ha pensado mejor. Que quiere estar con él, seguir a su lado, aunque sólo sea ya en sueños.

Entra en la habitación y va directa al armario. Coge una de sus camisas y se la lleva a la cara. Parece como si acabara de quitársela porque, aunque está recién lavada -le parece que la colgó el mismo sábado-, mantiene un olor intenso a él. O al menos eso le parece.

Ya está. Ya lo tiene algo más cerca.

Y ahora un poco más. Ya sabe cómo. Va a aprender a soñar con él todas las noches. Así, duerma donde duerma, estará con él cuando llegue la última luna.

Sólo le queda saber dónde se aprende a soñar. Dónde, si su sueño se cumplió y acaba de despertarse a bofetadas.

6 comentarios:

  1. Solo te puedo decir una cosa...tu entrada de hoy me ha puesto los pelos de punta.Increible y preciosa.Besitos.

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  2. Ha pasado un año. Ella acunará en sus brazos al pequeño, curando la ausencia del colchón con la ternura de saberlo compartido con él. Y sigue aprendiendo a soñar, con las bofetadas de la vida escritas en el rostro.

    Grande Antonio Puerta!!

    Precioso, Noe. Mil besos.

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  3. ay mi niña! pero quien va a pensar que tu te copies? no no no. Que sepas que me ha encantado tu entrada. Emotiva. Desgarradoras. Pero tanto la de hoy, como la antigua... ¿te leía ya entonces yo? No lo recuerdo. Pero la entrada sí... Sin palabras!

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  4. Lorena: muchas gracias. Comentarios como el tuyo me animan a seguir escribiendo.

    Berrendita: tú sí que eres grande. Mil besos más para ti.

    Mara: gracias a ti también. Creo que por aquellos entonces no nos leíamos... ¡¡Estábamos perdiendo el tiempo!! Yo espero leerte durante mucho, mucho tiempo... Un besazo.

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  5. Anónimo4:27 p. m.

    Muy emotivo tu recuerdo para la zurda de diamante.

    Un beso de un sevillista lector asiduo tuyo!!!

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  6. Gracias, sevillista... Espero seguir viéndote por aquí (con comentarios, quiero decir).

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Gracias por contribuir a este blog con tus comentarios... pero te agradezco aún más que te identifiques.

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