jueves, agosto 14, 2008

Una bala mediática

Habían declarado el alto el fuego, pero a ella la dispararon mientras informaba en una zona donde, supuestamente, ondeaba ya la bandera blanca.

El disparo cayó en el brazo de Tamara Urushadze, pero hirió a la profesión entera. Claro que esa bala no era más que la secuela infausta de una nueva muestra de la sinrazón, que se había llevado por delante a un número indeterminado de osetios: un bando, el georgiano, dice que ciento y pico; otro, el ruso, que 1.600. Conclusión: no es que no sepan de matemáticas, es que no tienen vergüenza. Ni perdón de Dios.

No sé en qué estaría pensando Tamara cuando, herida como estaba, decidió seguir la conexión en directo desde Gori. No sé si pensaba en sus compatriotas muertos, en los corazones heridos, en la sinrazón, en la vocación,... o si no pensaba en nada. Si es que sólo siguió por inercia. Por obligación. Para demostrarse a sí misma que la violencia no va a poder con ella.

Han sido cinco, nada más que cinco, los días de combate en Georgia. Lejos de politiqueos -o al menos tan lejos como uno mismo se sitúa cuando se encuentra en mitad del frente y ha de salvar la propia vida-, en el gremio sí hacemos bien la cuenta de nuestros muertos. En esos cinco días de odio desmedido, han perdido la vida dos compañeros que trabajaban para medios rusos y un periodista holandés. Eso por no hablar de las decenas de reporteros heridos, a uno y otro lado de la línea del frente.

Tamara, quizá, sea la menos perjudicada. Lo suyo parece un rasguño. Al menos en la piel. Pero seguro que le ha roto el alma. Y dudo que tenga cura.

Mientras, a unos cuantos miles de kilómetros, sus compañeros vemos las imágenes de su valiente conexión, pero sabemos que mañana habrán caducado y que pasado mañana, a lo más tardar el domingo, ya nadie se acordará de ella.

Ni de ella ni de sus compañeros. Y, lo que es peor, tampoco de los muertos.

Aunque, claro, para acordarse de algo, primero hay que saber que existe. Y Osetia del Sur queda demasiado lejos para demasiada gente.

6 comentarios:

  1. Anónimo11:37 p. m.

    Noelia, me entrego no puedo seguirte, me explco unas veces te imagino como la mojama caducada y otras mas tierna que el dia de la madre en una residencia de ancianos. Unas veces mas fria que una madrugada en Los Alpes y otras mas "caliente" que un soldado en Ibiza. ¡Ibcreible lo tuyo!
    Leo lo de tu sobrina o lo de Sevilla y me deshago de blandito que em pongo y leo lo de Georgia y me pongo peor que Bruce Lee en cualquiera de sus peliculas.
    Pero todo me gusta mucho, ahora si estoy convencido que eres Geminis.
    Por favor escribe sobre "tus suegras".
    A tus pies
    Salud
    El Coronel

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  2. Jejejeje... gracias. Es que siempre no puede ser blanda una, que al final te deshaces.

    Escribo sobre mis suegras, no te preocupes.

    ¡¡Qué guay!! ¡¡Tengo "peticiones del oyente"!!

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  3. Es lo malo de dejar que dictadorcillos con tufo democrático puedan seguir jugando sus partidas de Risk con seres humanos en el tablero... ¿A esta periodista también le contaron que había declarado un alto el fuego?

    Las suegras ya están temblando, seguro...

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  4. Creo que hay demasiado dictadorcillo con "aroma" democrático en el mundo... Igual habría que plantearse una limpieza inodórica.

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  5. Osetia existe, claro que sí. El testimonio de Tamara, su voz en pie frente a los balazos, hace que me sienta orgullosa de esta profesión que tantas porteras de barrio dejan por los suelos.
    Precioso post, Noelia. Precioso homenaje a la libertad y a la palabra.

    Mil besos.

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  6. Bueno, no es lo que se merece ni Tamara ni mucho menos los osetios.

    Lo que no sé es si en esta profesión predominan las porteras o este tipo de periodistas de ley, entre las que te incluyo.

    Más besos para ti.

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